09 de junio de 2015
09.06.2015

Lectores antes que escritores

La catedrática Rosa Navarro Durán destaca en Castropol que los grandes autores universales fueron fanáticos de la lectura

09.06.2015 | 02:21
Rosa Navarro Durán y Manuela Busto, ayer, en Castropol.

"Todos los grandes escritores fueron antes grandes lectores". Rosa Navarro Durán, catedrática de Literatura Española de la Edad de Oro de la Universidad de Barcelona, animó ayer a los escolares de Castropol a sumergirse de lleno en los libros, "un invento maravilloso", y la única forma de "obtener un gran poso cultural". Lo hizo durante la clausura del programa "Padrinos y madrinas de lectura", auspiciado por la biblioteca municipal en colaboración con el colegio La Paloma de Castropol.

La profesora y escritora, que formó parte del jurado del premio "Príncipe de Asturias de las Letras", explicó a los niños, y también a los padres presentes en el acto, cómo los grandes escritores de la historia pudieron serlo gracias a haberse empapado antes de buenas lecturas. Habló así de cómo Miguel de Cervantes, "el mejor novelistas de todos los tiempos", escribió "El Quijote" tras leer "El Lazarillo de Tormes" y "La Celestina". "Estas obras influyeron mucho en su escritura", señaló Navarro Durán, con un amplio bagaje en adaptaciones de clásicos de la literatura universal para los más jóvenes.

"Además de leer mucho, Cervantes tenía mucha memoria", explicó la escritora, que entabló un divertido y ameno diálogo con los presentes. Todos ellos participaron durante el curso escolar en una iniciativa desarrollada por la biblioteca Menéndez Pelayo.

"A lo largo de todo el año, los alumnos de los cursos superiores, quinto y sexto de Primaria, leyeron y eligieron lecturas para los alumnos de cursos inferiores", explica Manuela Busto, responsable de la biblioteca. Afirma que se llegó a "tomar todo el espacio del colegio con lectores", consiguiendo así unos "frutos muy satisfactorios y evidentes".

El acto giró alrededor de un libro muy especial que llegó en las manos de Navarro Durán: "Es una réplica de una edición de 'El Lazarillo de Tormes' del siglo XV que estuvo quinientos años emparedado entre dos tabiques. Su dueño era un judío que escapó a Portugal, y que en vez de quemarlo, lo rescató para la eternidad", afirmó. Por ello, se trata "de un tesoro", y de un reconocimiento a aquellos que luchan por la cultura, apostilló.

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