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Allande homenajea a sus camineros

El Ayuntamiento edita un calendario con biografías de operarios de carreteras, que agradecen el reconocimiento a un trabajo “que no se valora”

Ángel Sánchez y Vespertino Rodríguez, ayer, en Pola.  |  D.Á.

Ángel Sánchez y Vespertino Rodríguez, ayer, en Pola. | D.Á.

Los peones camineros, encargados del mantenimiento de las carreteras y caminos, son los protagonistas del tradicional calendario que elabora cada ejercicio el Ayuntamiento de Allande para regalar a sus vecinos al comenzar un nuevo año. Integrantes de la asociación de mujeres “Río Nisón” son las encargadas de buscar la profesión a la que quieren dedicar las 12 páginas del almanaque y a sus representantes, a los que retratan con biografía y fotografías.

Ángel Sánchez, sobre la fresadora, en una imagen del almanaque.

“Aquí en Allande hubo muchos camineros, un trabajo duro porque tenían que mantener tramos de carretera con picos, palas y rozones”, explica la presidenta del colectivo, Ilia García, que destaca que el calendario sirve para dar a conocer profesiones y a los vecinos que las desempeñaron, en este caso a un total de 16 de ellos.

A uno de los que le tocó lidiar con el mantenimiento de vías sin más ayuda que las herramientas de mano fue a Vespertino Enrique Rodríguez, de Linares, que, tras aprobar para sacar la plaza de peón caminero en 1979, en sus dos primeros años de trabajo tuvo que hacerse cargo de un tramo de carretera que une el Puente del Infierno con Pola de Allande. “En casa había necesidad de llevar un jornal y nadie quería ser caminero porque era un trabajo muy pobre”, recuerda. Finalmente se jubiló en el oficio de la conservación de carreteras, siendo además de caminero, maquinista y finalizando su etapa laboral con trabajo de vigilancia.

Vespertino Rodríguez, en otra foto elegida por el colectivo.

“Mi labor era mantener limpia la carretera y la cuneta y que no hubiese nada en la calzada, pasaba hasta 9 horas trabajando solo. Luego ya empezamos a ir en brigadas y al menos tenías la seguridad de que si pasaba algo estabas acompañado”, explica. La soledad también generaba momentos divertidos, entre ellos, rememora el día que se quedó dormido cabruñando el rozón apoyado en el coche. “Era primavera, hacía sol, lo hice justo después de comer y cuando desperté eran las 5 de la tarde”, relata.

Compañeros atrapados

En conservación de carreteras también trabajó, como conductor del camión de la brigada, Ángel Sánchez, vecino de Ferroy pero natural de Sobrefoz (Ponga). Asegura que su labor siempre fue menos pesada que la de los camineros.

No obstante, hace hincapié en la dureza del invierno, cuando le tocaba quitar nieve en las carreteras. Recuerda especialmente peligroso el trabajo en el alto de La Marta. “Cuando empecé no había valla ni señalización, tenía que ir caminando delante el compañero para guiarme, porque no sabíamos ni dónde acababa la carretera”, explica. No duda en asegurar que con la nieve pasaron bastantes y grandes sustos.

Ambos han querido recordar a los dos compañeros atrapados por el alud del puerto de San Isidro y enviar el pésame a sus familias. “Este trabajo no se valora, pero solo con quitar una piedra ya evitamos un accidente”, subraya Vespertino Enrique Rodríguez.

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