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Un cronista oficial no democrático

El 20 de febrero de 1974, tuve el honor de ser nombrado por el Ayuntamiento de Cudillero, en sesión plenaria y por unanimidad, Cronista Oficial de Cudillero y su Concejo, cargo honorífico que había ostentado por última vez a principios del pasado siglo mi bisabuelo Agustín Bravo, “Roque”.

Lo cierto es que, a mis 22 años, me convertí en el Cronista Oficial más joven de Asturias y acaso de España. Todo un reto que asumí con agradecimiento y que acepté fundamentalmente en señal de homenaje a mi abuela Elvira Bravo, hija del citado “Roque”, ya que era ella quien se merecía el título honorífico, aunque fue precisamente quien más se alegró.

Medio siglo después, continúo vivo y por tanto ostentando el referido cargo. Y, lo que es la vida, soy el decano de los Cronistas Oficiales de Asturias y el presidente de la asociación que aglutina a la práctica totalidad de los de la región, amparada a su vez por la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales (Raeco).

¿Qué significa ser Cronista Oficial? Pues, según la docta opinión de mi amigo, maestro y cronista oficial de Colunga, José Antonio Fidalgo Sánchez, es ser “investigador del pasado y testigo del presente”. Nada más y nada menos. Y, modestamente, creo que estoy cumpliendo con la misión encomendada hace 48 años, y si en algo me equivoco, trato de enmendar el error, consultando a quienes más saben. Lo que está claro es que un Cronista Oficial no es el correveidile o bufón de la Corporación municipal de turno. Es decir, en nuestro cargo, no remunerado, dejamos al margen por completo ideologías, limitándonos a informar de la historia, costumbres, tradiciones, folclore etcétera del municipio, con objetividad, de forma veraz, jamás con el ánimo de sentar cátedra con nuestras opiniones. Sería de insensatos y de prepotentes.

En mis casi cincuenta años ejerciendo como Cronista Oficial, pasaron por el ayuntamiento varios alcaldes, como es lógico suponer. Y para todos ellos no tengo otra palabra que la de agradecimiento, porque en todo momento respetaron y apoyaron mi labor.

Viene todo esto a cuento, porque parece ser que un personajillo de plastilina, de cuyo nombre no quiero acordarme –yo creo que ni él lo sabe– trata de suplantarme en alguna red social, con mamarrachadas dignas de lástima, si no fuera porque lo hace con maldad. Ignorantes, todos lo somos en algo. Nadie es perfecto. Pero si a la ignorancia le añadimos envidia, maledicencia y prepotencia, el cóctel resulta mortal, por supuesto para quien se dedica a disparatar. Una de sus últimas ocurrencias es manifestar que mi nombramiento no es legal, porque no existía democracia en España cuando el Ayuntamiento Pleno me designó cronista.

No hay duda de que este personajillo –asesorado por no sé quien, ni me interesa- está obsesionado por ostentar el cargo de Cronista Oficial. Pues bien: el día en el que yo me vaya, si consiguiera su objetivo, entiendo que Cudillero no podría haber caído más bajo. Sería una humillación para el concejo y un desprestigio para los Cronistas Oficiales de Asturias, de España y del mundo.

Ya estuvo bien de “templar gaitas”.

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