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Santiago Pérez

Tineo pierde una parte de su historia

Sobre la demolición de la casa de José Maldonado

Somos un país que se vanagloria de la riqueza cultural que atesoramos, lo cual no deja de ser cierto a pesar de los ímprobos esfuerzos que realizamos por cargarnos nuestro patrimonio.

Los edificios, de todo tipo y condición, salen muy mal parados en lo que respecta a su conservación. La indiferencia, cercana al desprecio, no se ciñe a pequeños inmuebles. Grandes edificios cargados de historia como el monasterio de Cornellana (Salas) o el de Obona (Tineo) sobreviven a duras penas ante la apatía de quienes pueden remediar su lamentable estado y el poco ánimo ciudadano para exigir remedio ante tanto dislate. Hay un dato clarificador, aportado por Jorge Dioni López en “La España de las piscinas”, que avala nuestro “interés” por el patrimonio arquitectónico. Nos informa que en los años cincuenta del siglo pasado había en España dos millones y medio de edificios anteriores a 1900, en los noventa quedaban menos de un millón. Desde luego no todos estarían en buenas condiciones ni merecerían conservarse, pero hemos visto en los medios de comunicación cómo la piqueta se ha llevado por delante edificios de gran valor artístico e histórico.

El concejo de Tineo no es ajeno a esa fiebre demoledora. Los pueblos y las brañas vaqueiras contaban con una amplia variedad de casas tradicionales de las que apenas quedan vestigios. El ansia de mejorar, comprensible y entendible, no ha pasado por rehabilitar.

En la villa de Tineo asistimos al deterioro progresivo de una casa cargada de la pequeña historia del concejo: la de José Maldonado o del antiguo cuartel de la Guardia Civil por supuesto, como era conocida según quien hablara de ella, y ubicada en el “Paseo”. La excavadoras la han rematado y reducido a la nada.

Para quienes desconozcan la figura de José Maldonado unos pocos datos. Fue Diputado a Cortes por Asturias en 1936, consejero de Obras Públicas en el Consejo Interprovincial de Asturias y León (1936-37), y en 1938 fue nombrado director general de Carreteras, siendo presidente de la República Negrín. Ya en el exilio, en 1970, fue nombrado presidente de la República Española en el exilio. El 21 de junio de 1977 disolvió las instituciones republicanas, acto que contribuyó a la llegada de la democracia a España.

La casa fue construida por encargo de Vicente Maldonado, padre de José, en 1925. El coste ascendió a 61. 464 pesetas.

En la Guerra Civil fue incautada. Las tropas franquistas establecieron en ella su cuartel general, acto simbólico de revanchismo y demostración del poder logrado por las armas y el robo. Con posterioridad pasó a ser cuartel de la Guardia Civil. Desde hace años estaba en manos privadas.

Se produjeron algunos lamentos en las redes sociales y ahora todos contentos con la hermosa vista que nos quedó.

En Tineo se conservan, en aparente buen estado, tres grandes casas, dos muy cercanas a esta y otra en la Avenida González Mayo, donde se ubica el Hogar del Pensionista y el Centro de Educación de Personas Adultas. Esas eran casas de familias pudientes. Aún sobreviven algunos edificios del siglo pasado con cierto encanto, pero es en Picos de Villa y Fondos de Villa donde subsisten casas tradicionales, hórreos y paneras (de los dos últimos podemos contar más de treinta).

Son estos barrios los que marcan la diferencia y dan entidad a Tineo, nos cuentan su pasado, el resto no se diferencia de cualquier otro lugar, la uniformidad impera por doquier.

La verdad es que apreciamos poco lo que tenemos y hacemos aún menos por conservarlo y dignificarlo, cuando lo perdemos nos lamentamos. No hay que conservarlo todo, para eso existen expertos que nos pueden ilustrar sobre qué merece la pena conservar y qué no. A los munícipes no se les ocurre asesorarse con arquitectos y urbanistas que pueden contribuir con sus conocimientos a hacer más confortable y rica la vida de los pueblos.

Ahora como recuerdo de José Maldonado nos queda un monumento, enfrente de donde se encontraba su casa, erigido en su honor y protegido por mesas y sillas.

La indiferencia se disculpará con el elevado coste que supone rehabilitar edificios antiguos, lo cual es cierto, pero estas cosas tienen solución si hay interés ciudadano y voluntad política.

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