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En memoria del profesor Ramón Pérez Pérez

Subtítulo opinión 4 col

Me resulta difícil, por no decir imposible, participar en este acto académico de defensa de mi tesis doctoral sin que el doctor Ramón Pérez Pérez esté presente. Ahora que está cerca el final de este largo camino, nunca podría imaginar que en él se hicieran realidad las palabras del poeta: "Cómo se viene la muerte, tan callando".

Conocí al profesor Ramón Pérez a finales de la década de los años 80, siendo yo un joven director en el centro educativo Aurelio Menéndez, en Ibias, donde habíamos puesto en marcha un pionero proyecto de escuela abierta a la comunidad que fue un referente en Asturias y en España. Se puso en contacto conmigo, y, desde el primer momento, establecimos una estrecha relación de amistad que ha perdurado hasta que hace apenas un mes, de manera inesperada, la muerte le alejó de todos nosotros. En esta etapa de Ibias, gracias a su contribución, varios profesores de universidades iberoamericanas visitaron este concejo para conocer de primera mano la experiencia educativa que estábamos desarrollando, al igual que numerosos alumnos de la facultad de Pedagogía y hasta un grupo de más de 40 profesores de esa facultad de la Universidad de Oviedo con el mismo motivo referido anteriormente.

Tras mi traslado al IES Elisa y Luis Villamil de Vegadeo, y el comienzo de un nuevo proyecto como fue el Foro Comunicación y Escuela, Ramón volvió a vincularse al mismo, motivo por el cual visitó Vegadeo en diversas ocasiones.

Así que cuando en 2009 decidí volver a la universidad para retomar los estudios de Grado, Máster y tesis doctoral, recurrí a él para que me dirigiera los correspondientes trabajo fin de Grado, trabajo fin de Máster y esta tesis que hoy estoy defendiendo. Fueron en esta última etapa, junto a él, diez años intensos de reuniones, llamadas telefónicas, correos electrónicos…

Es verdad que hoy no está físicamente entre nosotros, pero como decía Cicerón, "la vida de los muertos está en la memoria de los vivos". Y su memoria está aquí hoy más presente que nunca, porque al leer o reabrir el libro de esta tesis, su última tesis dirigida, su espíritu se hace más actual que nunca. No pierdo la esperanza de que en algún que otro momento tenga la oportunidad de volver a encontrarte, querido amigo, pues como decía Ernest Hemingway "lo único que nos separa de la muerte es el tiempo".

Y no quisiera finalizar mi intervención en este solemne acto de defensa de mi tesis doctoral sin dedicarte unas palabras que el poeta Walt Whitman refirió en la elegía que consagró al presidente asesinado Abraham Lincoln:

"¡Oh, Capitán, Capitán! Ha terminado el proceloso viaje.

El barco ha salvado todos los escollos, y hemos ganado el premio que perseguíamos.

El puerto está cerca, ya oigo las campanas, la gente proclama su júbilo".

Si como escribió Umberto Eco en su novela El nombre de la rosa "la muerte es el descanso del viajero, y es el fin de todo trabajo", solo nos queda pedir que descanses, querido Ramón, y asegurarte que en mi memoria y en mi corazón te llevaré siempre. Como diría el gran Miguel de Unamuno, gracias por todo con el corazón del alma.

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