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Alexis y Yanis, un divorcio

El primer ministro griego Alexis Tsipras se muestra ahora arrepentido de haber nombrado en un puesto clave a Yanis Varoufakis durante la tormenta que sacudió a su país en 2015, cuando Syriza se erigió como la gran esperanza antiausteridad de una nación ahogada por la deuda. El arrepentimiento es una señal que ha marcado a Tsipras que, después de aceptar la rebaja europea, recibe en la actualidad los elogios de la Troika y el rechazo manifiesto de su pueblo que no le perdona que prometiera una cosa e hiciera luego la contraria. Entonces, recuerden, Alexis y Yanis eran la pareja perfecta de la izquierda europea. Ahora Tispras dice de Varoufakis: "Mi gran error fue elegirlo. Su plan era débil e ineficaz".

El premier griego no ha sido el único en la historia que ha profesado en la oposición los valores que jamás ha podido traducir en acciones en el gobierno, por las razones obvias que se desprenden de la política real. Además, casi nadie tiene en cuenta aquello que decía Talleyrand de que la oposición es el arte de estar en contra tan hábilmente que luego se pueda estar a favor. Los opositores, en la actualidad, juegan a prometer lo que jamás podrán cumplir porque una cosa es predicar y otra, bien distinta, dar trigo.

El dirigente político, el estadista, tiene que tener la flexibilidad de adaptarse a las circunstancias y al momento. Ser como el laborista Ramsay McDonald que en la oposición prometía el oro y el moro a los británicos. Churchill le advirtió un día: "Jamás podrán cumplir las promesas que hacen al pueblo". Y McDonald, rápido, le respondió: "Posiblemente, pero por lo menos cumpliremos las que ustedes prometen".

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