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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Los serenos y Parot

Sobre la nueva detención en Asturias del reincidente "violador del estilete"

Desde 1977 no hay serenos en Madrid, esa rara especie noctámbula de vigilantes sin cargo que patrullaban las calles de la capital del Reino y que cuando dabas unas palmas de madrugada aparecían raudos, con su manojo de llaves, que parecían San Pedro, a voz en grito: "Las doce en punto y sereno", o "las dos y nublado". Muchos eran asturianos, tal que llegó a decirse que de los 2.500 serenos que había en Madrid "no eran todos de Cangas del Narcea y alguno de Tineo: también había uno que era de Segovia".

Gijón es una de las pocas ciudades españolas, tal vez la última, en que pervive este servicio nocturno en peligro de extinción, y que presta una notable labor como antena de nocturnidad. Cuenta este periódico hoy que desde el asesinato de Diana Quer, los serenos gijoneses han multiplicado los servicios de acompañamiento a mujeres y chicas hasta sus casas de madrugada. Existe cierta psicosis ante sucesos mediáticos como el citado, aunque Gijón sigue siendo una ciudad segura.

Esa psicosis creciente abraza cierta lógica. En Oviedo acaba de ser detenido y conducido de nuevo a prisión el "violador del estilete", uno de los depredadores sexuales en serie más ávidos de la reciente historia de este país, que pasó 32 años en prisión por 54 violaciones, de los 70 años que le cayeron por sentencia judicial. Se le atribuye un nuevo ataque a una mujer, las pasadas Navidades.

Casos como los que protagoniza este tipo sin escrúpulos, sin curación posible, no se resuelven con más serenos en la calle, sino con modificaciones legales que echen por tierra la doctrina Parot, que ha dejado libres, mucho antes de lo que merecen, a varios de estos lobos insaciables.

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