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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

La casa de tócame Roque

No conviene convertir el salón municipal de plenos en la plaza pública o escenario de chamarileo, que luego pasa lo que pasa: que un sindicato le saca los colores a la Alcaldesa con el pasquín de Lina Morgan y responsables de un colectivo antidesahucios se enzarzan con un edil del PP por un quítame de ahí esa ejecución bancaria.

Hay sesiones plenarias de Gijón que parecen la casa de tócame Roque, donde cualquiera toma la palabra o acude a reclamar, pancarta en mano, como en aquella corrala del Madrid decimonónico de dramaturgos y saineteros donde eran frecuentes riñas y escándalos. Y donde cada dos meses se desahuciaba a una familia por el impago de los alquileres, hasta que el edificio fue demolido. No tengamos que declarar la Casa Consistorial en expediente de derribo...

Hay que seguir el ejemplo de los clásicos y servirse de la plaza Mayor para cualquier reclamación, ruego, súplica o demanda. La plaza debería ser para Gijón como el ágora para los atenienses: allí filosofaba Sócrates, allí se inventó la democracia en las letrinas y allí se construyó el primer centro comercial hace más de 2.000 años. El salón de sesiones no es, sin embargo, ni una sede judicial, ni un recinto sagrado, ni un mercado de frutas y hortalizas, de pescado fresco y de carnes magras.

Parece que los que reclaman -la mayoría de ellos justamente- padecen de agorafobia, de manera que se sienten obligados a llevar sus quejas al órgano municipal en el que se deciden los asuntos de interés general e incluso cuestiones planetarias, dado el gusto de los ediles gijoneses de meterse en camisas de once varas y ponerse a discutir de lo divino y lo humano, de la paz en Colombia y de la guerra en Siria.

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