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Millas

El trasluz

Juan José Millás

Soledad

Las similitudes entre los congresos de los partidos y los festivales de cine

Los congresos de los partidos políticos tienen algo de festivales de cine como los festivales de cine tienen algo de congresos de los partidos políticos. En el del PP había una película ganadora que perdió y una película perdedora que ganó. Rajoy, que optaba al premio a la mejor dirección, se quedó con tres palmos de narices porque Casado arrambló con todo. Debo esta comparación con los festivales de cine a un parroquiano de la cafetería en la que a media tarde del día de autos pedía un gin tocnic melancólico al tiempo de preguntarme a quién habría votado yo de pertenecer al PP.

-¿Qué entendemos por un gin tonic melancólico? -me preguntó el camarero.

-Perdone, pensaba en voz alta. Tráigame un gin tonic a secas, que la melancolía la pongo yo.

Me lo trajo con pepino y con tónica a la pimienta, además de con semillas de enebro. Le dije por educación que estaba bien así y lo cierto es que el primer sorbo me estimuló intelectualmente, si podemos considerar inteligente la pregunta de a quién habría votado yo. Y es que los congresos políticos los perdemos y los ganamos todos, incluso aquellos a los que ni nos van ni nos vienen. Ocurre lo mismo con los partidos de fútbol y, desde luego, con los festivales de cine. No voy a decir a quién habría votado yo porque me da vergüenza. Además, para eso tendría que haber sido compromisario y todavía no sé muy bien qué rayos es un compromisario.

Tras el impulso intelectual del primer sorbo me atacó la melancolía del segundo y caí en la cuenta de que, entre unas cosas y otras, nos encontrábamos ya a finales de julio. Dada la existencia del refrán que dice "primer día de agosto, primer día de invierno", el final del verano se hallaba a la vuelta de la esquina. La melancolía hace correr el tiempo a velocidades de vértigo.

-Menudo otoño político nos espera -dijo entonces el tipo que acababa de comparar los congresos con los festivales.

Se dirigía a un joven delgado que comía patatas fritas de una bolsa. Al darse cuenta de que los miraba, me invitó con la vista a unirme a la conversación, por lo que pagué y salí al calor reinante yo solo, con mi soledad política y cinematográfica y alcohólica.

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