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¿Se consultó a los de las pateras?

La nefasta idea de crear centros de internamiento para los migrantes llegados a Europa

Frecuentemente me pregunto, ¿algún día tendrá rango de Memoria Histórica la fosa común del mar Mediterráneo? Por muchas vueltas que le doy jamás obtengo respuesta. Pensándolo bien, también es cierto que si algún día llegase a tenerla tampoco sería de ninguna utilidad, sobremanera para los desaparecidos. Por desgracia, a la vista del papelón farandulero que están interpretando los 27 dirigentes de la Unión Europea -denominación de entendimiento que de poco sirve pues cada uno trata de inclinar la balanza hacia su pesebre- todo seguirá igual en materia de migración. Mucho ha de cambiar el panorama, esencialmente en cuestiones de solidaridad y responsabilidad, para que la UE -monstruo, mal que nos pese, creado de forma artificial, ya que sus 27 miembros, desde Alemania a Suecia, pasando por Estonia, Lituania y Polonia no tienen más nexo de unión que el económico, lo cual, hablando de pensamiento homogéneo, es un bien paupérrimo al no existir ni rastro de vínculo histórico o sentimental entre ellos y sí malos recuerdos de guerras, rencores y rencillas- se ponga en marcha y selle para siempre el ataúd sin fondo del Mare Nostrum.

¡Marchando, otra de pulpo! Que diría un castizo. Los 27, ya lo verán, propondrán en breve una nueva reunión para preparar una renovada junta de portavoces que impulse un flamante, proyecto de encuentro de todos los jefes de estado para hablar del futuro de los desheredados, evidentemente sin mayor convicción y, entre sonrisas y parabienes, darse palmaditas en la espalda antes de, en solidaridad con los damnificados, dar cuenta de manjares y vinos elegidos entre los mejores del mundo. Si es necesario, a continuación, amenizada por el histriónico Donald Trump, se convoca otra cumbre de la OTAN, en la que, como es norma, tampoco se resuelve nada, para que -ya que las noticias se solapan y ensombrecen la anterior- la inoperancia pase desapercibida.

¡Ya está bien! Llegó el momento de construir realidades, no promesas siempre incumplidas, ni quimeras de cabo furriel. Contener o devolver a los migrantes a ghetos en la costa africana del Mediterráneo es la última monserga elucubrada. ¿Han preguntado su parecer a los ocupantes de las pateras? ¿Se conformarán estos tras haber cruzado en condiciones infrahumanas medio continente? ¡No, mil veces! Tengan la certeza de que proseguirán intentando el salto a Europa buscando mejores condiciones de vida y esperanza.

Todavía somos incapaces de reconocer que vienen huyendo de hambrunas, enfermedades, escasez de agua, falta de escuelas, atentados salvajes, violaciones, odios y guerras fratricidas en Siria, Afganistán, Yemen, Somalia, Nigeria, Gaza?y tantos lugares más, en situaciones de extrema violencia que obligan a grandes desplazamientos de la sufrida población civil; millones de personas se han visto obligadas a huir de su propia nación e instalarse en campos de refugiados. Sin embargo, todos ellos saben que el nefasto porvenir que les aguarda en Europa es infinitamente mejor que su actual presente en el continente africano. Por ello se juegan la vida hacinados en pateras con vocación de naufragar.

En el corazón de la UE, ante el imparable desafío migratorio, crecen populismos y nacionalismos que, como todos sabemos, están en contra de los Derechos Humanos como bien universal y pretenden hacernos olvidar que todos, sin excepción, somos ciudadanos del mundo y tenemos derecho a integrarnos en el lugar que elijamos dentro de él. De estos dos males señalados parte la nefasta idea de crear centros para internar a los migrantes llegados a Europa -los que sobrevivan a la garganta profunda del Mediterráneo- para decidir si se trata de refugiados o irregulares que, con el beneplácito de la UE, podrán ser reenviados al infierno de las cárceles libias o a sus países de origen donde, sin duda, serán masacrados por el dictador de turno.

Que la UE, en lugar de poner trabas, ha de realizar una política coherente con el bien y el futuro de los migrantes es obvio. Que para lograrlo ha de comprometerse de lleno con la economía de todos estos países, invirtiendo en ellos para que la prosperidad alcance a la mayor parte de la población, también. Sin esta premisa, esto ha de quedar claro, el éxodo proseguirá imparable. Por el contrario, si cesan los conflictos armados y las condiciones de vida mejoran, los potenciales emigrantes serán los primeros en abandonar la idea de exiliarse porque, ante un futuro más halagüeño pocos querrán abandonar raíces, tierra y familia, ni emprender aventuras, casi siempre de escaso recorrido en Europa.

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