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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

De lágrimas y furia

La despedida de Sergio y la crisis de fe sufrida por el veterano Jorge David

El traspaso de Sergio al Eibar ha provocado un seísmo en parte del sportinguismo cuyas consecuencias aún están por ver. El canterano dejó ayer Mareo cumpliendo el guión previsto: dando las gracias hasta al del carrito de los helados y en un mar de lágrimas. Lo hizo solo, sin el respaldo de nadie del club, en lo que puede entenderse como un mensaje de que la decisión -respetable- de Sergio de hacer las maletas fue unilateral. Cuando un jugador quiere irse, aunque tenga contrato en vigor, no hay más remedio que buscar un buen acuerdo para las dos partes y firmar el divorcio por las buenas. Y que pase el siguiente.

Pero hay quien entiende que la salida de Sergio es un ejemplo más de la errática política de la entidad, que no acaba de encontrar un proyecto definido, de apostar de una vez o por la cantera o por vivir a base de cesiones y fichajes de segunda fila.

Ahí está el cabreo de David (ahora también Jorge). El exjugador rojiblanco, el primero salido de Mareo que debutó con el primer equipo, atraviesa una crisis de fe que le ha llevado a decidir que no volverá a pisar El Molinón y a darse de baja como abonado. A David, como a otros muchos sportinguistas, no se les escapa que el Sporting es una entidad vendedora. Y estando en Segunda, más. Una institución que en estos momentos no puede competir con clubes como el Leganés o el Eibar, no hace mucho equipos que repartían su tiempo entre Segunda B y Segunda. Será dura, pero es la realidad. Tampoco puede competir -ni el Madrid y el Barça pueden- con el afán recaudatorio de agentes, comisionistas y demás familia.

Lo que David y otros muchos no entienden es cómo el Sporting pierde identidad año tras año cuando -¡oh casualidad!- la cuenta está saneada. Es de los que no comprenden que en los tiempos en los que el club estuvo en quiebra -literalmente- y no hubo más remedio que tirar de la gente de la casa, en el campo se salvó la papeleta con buena nota. Y como no había dinero, y la Liga prohibió fichar durante un tiempo, no hacía falta tener a directores deportivos de nivel Liga de Campeones.

Por eso David no se muerde la lengua. Siente que le están tomando el pelo y anuncia que dejará de acudir al templo rojiblanco porque no comulga con la filosofía del club. Que está mejor dando una vuelta en bici o paseando al perro. No es mala opción para que unos reduzcan su nivel de furia, otros se sequen las lágrimas, y para sentarse tranquilamente a esperar a ver qué pasa con el proyecto de este año, sea cual sea. Si es que lo hay.

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