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Médico oncólogo

La luminosidad del doctor Pañeda

Conocí al Dr. Francisco Pañeda cuando me incorporé al Hospital General de Asturias (HGA), para realizar el Internado Rotatorio a finales de 1969. Desde el primer momento me llamó la atención la finura que emanaba de él en el trato con los enfermos, con los compañeros y, en general, con todos los que tuvimos la suerte de conocerle. Posiblemente su "seseo" caribeño, resaltaba esa dulzura que surgía de su buen corazón. Había nacido en Camagüey (Cuba) y, viendo el desastre que se avecinaba, la familia fue progresivamente incorporándose a vivir en Gijón.

A pesar de que en aquel momento, Paco Pañeda, era un residente de "ventipocos" años, su sensatez y madurez contrastaba con la inquietud e inconformismo juvenil de los internos y residentes que nos íbamos incorporando al HGA al inicio de los años 70; un reconocimiento que se hace mas patente con la perspectiva que da el tiempo. Junto al recuerdo de aquel joven residente de ginecología, aparece la bella imagen una joven y elegante enfermara de Valladolid: Rosamari: su novia formal que el destino les llevó a formar una familia ejemplar, junto a sus tres hijos: Fran, Rosa y Adolfo.

Pañeda se había formado en el servicio de Ginecología del HGA y al terminar la especialidad se incorporó al servicio de Ginecología de la Maternidad de Oviedo. Años más tarde, posiblemente a finales de los 80 fue cuando conocí, con mas profundidad, a Paco Pañeda. Ocurrió cuando decidió conectar conmigo para coordinar el tratamiento de los tumores ginecológicos entre los dos servicios : el de Ginecología de la Maternidad y el de Oncología Médica que yo dirigía, en el HGA.

Durante este periodo pude comprobar, no solamente su preparación como ginecólogo , sino su fina inteligencia y sus virtudes humanas. Es bien sabido el trauma que supuso la unificación de los dos hospitales: el HGA y la Residencia Sanitaria, en un solo hospital: el HUCA. El trauma consistía en que, a la larga, los servicios duplicados tendrían que llegar a unificarse. Como es lógico, no era fácil coordinar los criterios de actuación de los servicio duplicados. En el caso de la ginecología pude comprobar la lealtad del Dr. Pañeda. Tenía un delicado respeto al jefe de Ginecología del HGA, con el que se había formado y, al jefe de Ginecología de la Maternidad con quien, entonces, estaba trabajando. Me viene a la memoria los tirones de uno y de otro lado que ponían a prueba la lealtad de Pañeda, sin que por ello, perdiese el equilibrio: un comportamiento ejemplar.

Paco no era rencoroso ni envidioso; siempre se alegraba del progreso y éxito de sus compañeros. Por eso todos los que le conocimos le recordamos con respeto y cariño. Sus consideraciones sobre los enfermos siempre tenían el peso de la sensatez que reflejaba la objetividad en sus juicios y su competencia profesional. Así como los demás, recordábamos a los enfermos por su patología, su número o sus siglas, él los refería con su nombre y dos apellidos

Una vez terminada nuestra etapa en el HUCA tuvimos la suerte de poder seguir viéndonos, poder repasar los tiempos pasados y, de alguna manera, ir blanqueando los recuerdos de la vida pasada. Al caer enfermo demostró también su humildad: siguió los tratamientos como un enfermo más y llevó con paciencia el sufrimiento y las contrariedades que conlleva toda enfermedad grave.

Sabía que iba a morir; una semana antes, él mismo pidió el sacramento de la unción. A dicho acto pudieron acudir su esposa, hijos y alguno de sus nietos. El momento estuvo lleno de emoción y dejó una gran paz en todos sus familiares. Sé por experiencia que administrar dicho sacramento a un ser querido deja la conciencia muy tranquila. Uno queda con la impresión de haber hecho lo máximo que se puede hacer por un ser querido, aparte de una buena atención médica. Lo que garantiza que Pañeda sigue ahí; pero ahora, lleno de esa gran luminosidad que mereció toda su vida. Así lo recordaré.

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