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Joaquín Rábago

Guerra al plástico

Medidas para proteger el medio ambiente

La India acaba de sumarse a los países que han decidido declarar la guerra al plástico: al menos es ésa la intención anunciada por su primer ministro, Narendra Modi.

Otro país en desarrollo, la africana Ruanda, dio ese paso hace ya doce años al prohibir su Gobierno el uso de bolsas de ese material. Y mostró a otros el camino a seguir.

No está la India, sin embargo, entre los países emergentes o en desarrollo que más abusan del plástico. Son mucho peores otros como la China, Indonesia o Filipinas. Sin que puedan tampoco los desarrollados dar lecciones.

Y no nos referimos sólo a lo más evidente: los absurdos envoltorios de tantos alimentos -desde la fruta hasta los embutidos- en el supermercado o las bolsas que tan alegremente nos dan en los grandes almacenes.

Es cierto que muchos comercios del llamado mundo rico han tomado ya nota del enorme daño que todo ello causa al medio ambiente y cobran algo por esas bolsas en un intento de disuadir de su uso.

Pero el plástico contamina también las aguas freáticas y los ríos en forma de pequeñas partículas: cada vez que las prendas de poliéster pasan por la lavadora se desprenden esas micropartículas.

Y esos microplásticos, empleados también en la industria cosmética, acaban muchas veces en mares y océanos, entran en la cadena alimenticia de las especies marinas y son causa de enorme mortandad.

Se han descubierto ya microplásticos en el pescado y en los mariscos que consumimos, pero también en la miel, en la cerveza y hasta en el agua mineral.

En muchos análisis de agua del mar se han detectado más microplásticos que plancton, según Thilo Maack, de Greenpeace. Y lo más grave es que el poliéster tarda además unos 500 años en descomponerse. Por lo que se refiere a las bolsas de plástico, la Comisión Europea ha decidido tomar también medidas para limitar de aquí a 2025 su uso en el comercio aunque ésas sean claramente insuficientes.

Se habla de conseguir rebajar en todos los países miembros a un máximo de 40 unidades al año por habitante. En Alemania, por ejemplo, están ya en 29, menos de la mitad que hace dos años, aunque la cifra anual total se aproxima a los 2.400 millones de bolsas. Todavía, una enormidad: el medio ambiente no puede esperar.

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