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No pasarán

El nuevo delito de exaltación o apología del franquismo

El Caudillo tiene que prestar un penúltimo servicio a los partidos que hoy se definen de izquierdas, y en particular al PSOE sanchistizado y al Podemos socialdemocratizado, porque como se comprenderá no basta con sacarlo de Cuelgamuros. Franco es como el cochino, que hay que sacarle rendimiento a todo: costillas,

En los últimos años he escuchado a Alberto Garzón -y a otras buenas gentes progresistas- que Alemania es otra cosa. Que en Alemania al que pillen llevando esvástica se lleva un disgusto. Y sustancialmente es cierto, aunque la legislación alemana permita el uso de algunos símbolos nazis en determinadas circunstancias. En lo que no suelen reparar los garzones es que la Corte Constitucional de la República Federal Alemana, en sentencia de agosto de 1957, declaró la inconstitucionalidad del partido comunista. La cripta donde reposan los restos de Benito Mussolini, en el pueblo de Predappio, abre ahora casi todos los días para los visitantes, hasta hace unos meses, ciertamente, solo lo hacía tres o cuatro veces al año. Esa ocurrencia tontorrona y grotesca, según la cual España sería una hedionda excepción en la límpida memoria europea contra el fascismo, debería ser sometida a revisión cuarenta y cinco años después de la muerte tromboflebítica de Francisco Franco.

Es más que suficiente la aplicación, en su caso, de un delito de odio, tipificado en el artículo 510 del código penal, y que sanciona a quienes fomentan o promueven la discriminación, el odio o la violencia contra grupos o asociaciones por motivos políticos, ideológicos, étnicos, sexuales, religiosos o clínicos. Pero eso le restaría al Gobierno una nueva y rotunda victoria contra el fascismo que nos amenaza, una victoria histórica -el Gobierno es en sí mismo histórico- que resonará en los resúmenes de prensa mientras la señora Lastra canta que no, que no, que no pasarán, los moros no pasarán, y si insisten, pues se les deporta a Mauritania o a Malí y ya está.

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