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Mudanza de fortuna, por Maribel Lugilde

Dejó explicado Aristóteles en su "Retórica" que los personajes de una historia tienen que transformarse a golpe de buena y mala fortuna. Esas "mudanzas" -así las denominaba- son consecuencia de decisiones propias y de otros. Y desencadenan, a su vez, una suma de pequeñas mutaciones de carácter que llevan a

Literatura, teatro o cine han replicado una y otra vez lo razonado por el sabio griego. El actor británico Anthony Hopkins, después de encerrarse para ver la serie "Breaking Bad", escribió un correo a su protagonista, Bryan Cranston para expresarle su admiración por la mejor transformación de un personaje que había contemplado nunca. Cranston se sintió rozado por el dedo de Dios.

La fórmula funciona porque emula la realidad. Aristóteles sencillamente observó la naturaleza humana. Le he recordado estos días a raíz de los últimos acontecimientos en Foro Asturias. El partido fundado por Francisco Álvarez Cascos, personalísimo hasta el punto de que contuvo el nombre de su muñidor, acaba expulsándole, acusado de meter la mano en la caja. Aquí hay mudanzas de fortuna para un tratado.

De hecho, la historia de Foro es, en realidad, una subtrama de la peripecia personal de Cascos. Nació de su frustración porque su partido de entonces, el PP, el que tanto le había dado -la secretaría general y, cuando hubo oportunidad, carteras ministeriales y la vicepresidencia del país- le negó lo último: la candidatura a la presidencia del Principado de Asturias, regresar a casa entre gaitas. Foro sí le dio la presidencia asturiana -diez meses- y luego le fue trasladando en metrotrén a la vía muerta.

Una secundaria de aquel engranaje, Carmen Moriyón, se convirtió en alcaldesa de Gijón por sorpresa, propia y ajena. Con mucha dignidad, se ganó su reelección -la izquierda ayudó con una memorable incapacidad- pero se dejó engatusar para acabar estrellada en su intento de conquistar la presidencia regional. Otros se estrellaron con ella y el partido se convirtió en un nuevo ejemplo de una máxima incontestable: fuera de las marcas paraguas de la política, se pasa mucho frío.

El partido se quedó tieso y lo que quizás en la abundancia eran pecadillos de Cascos y su ego -el propio partido lo era-, en la escasez no tuvieron un pase. Las organizaciones también se transforman.

Ni personas ni organizaciones pueden enfadarse con el cosmos porque no conspira por su destino soñado. Las mudanzas de fortuna son simplemente servidoras fieles de nuestros actos.

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