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Circular por el Muro requiere un máster

La pandemia del covid-19 ha repercutido en la vida cotidiana de Gijón y buen ejemplo de ello es la adaptación del tránsito por el Muro de San Lorenzo. Concretamente, se ha primado la superficie peatonal y el carril para corredores, bicicletas o patines eléctricos, en detrimento de la circulación del tráfico rodado; resultando, probablemente, "peor el remedio que la enfermedad". Me explico:

En primer lugar, resulta elogiable la sensibilidad de la actual Alcaldía por el bienestar y salud de sus convecinos, facilitando amplias superficies para practicar deporte o pasear sin el agobio de indeseadas masificaciones y respetando la distancia de seguridad entre viandantes. Sin embargo, con las medidas adoptadas, se ha ignorado por completo a los residentes y comercios del propio Muro, quienes permanecen aislados en una "ínsula" de limitados accesos.

En segundo lugar, comprendo que surgiera la plataforma cívica "Stopmuro" (con la cual no mantengo vínculo alguno), aportando más de 9.000 firmas para defender su legítimo derecho a vencer el cotidiano asedio peatonal que ofrece el restringido tráfico del Muro (LA NUEVA ESPAÑA, 16/9/2020). Simultáneamente, entiendo que en algunos establecimientos de la zona se hayan colocado carteles solicitando la dimisión de la alcaldesa por desatender su reiterada protesta ante semejante mayúscula "ocurrencia".

En tercer lugar, suele suceder que un alcalde o alcaldesa de gran ciudad pretenda dejar su sello personal en las misma; aunque tal pretensión exige una buena dosis de mesura y sentido común para evitar gastos poco prioritarios o superfluos. De hecho, recuerdo la obsesión existente en Vigo por competir con Nueva York para poder exhibir el árbol de Navidad más grande; mientras, en Gijón, considero que el gasto de pintar tanta vía pública pudo haberse empleado para reforzar la dotación de nuestra Policía Local, cuya presencia en la ciudad es del todo insuficiente.

Finalmente, ya que dicha disposición debería ser transitoria mientras se padezcan los efectos del covid-19, resulta previsible que una vez superada esta pandemia, el futuro alcalde(esa) de Gijón devuelva al Muro su estética tradicional como icono de la ciudad y retire esta plétora de carriles repletos de señales y jeroglíficos para conseguir olvidar definitivamente la actual pesadilla del covid-19.

En definitiva, los cambios registrados en la circulación del Muro de San Lorenzo y su entorno han degradado notoriamente su estética y son tan complejos que requieren un "master" para poder conjugar el tráfico vial con el tránsito peatonal. Personalmente, admito que las disposiciones municipales adoptadas pueden albergar buenas intenciones pero, evidentemente, ello no basta para convertirlas en un acierto digno del reconocimiento y apoyo mayoritario de la ciudadanía gijonesa.

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