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Laviana

Más allá del Negrón

Juan Carlos Laviana

Qué negro era mi valle

Desechados los pozos como almacén para la vacuna, la minería queda relegada a nostalgia literaria

Qué negro era mi valle

La última oportunidad de la minería para rendir un servicio a la sociedad pasó de largo. Cómo hubiera cambiado la historia si la mina hubiera sido agraciada con el encargo de almacenar la vacuna. Al parecer, en el interior de los pozos la ventilación por hidrógeno podría alcanzar los 70 grados bajo cero, necesarios para conservar en buenas condiciones el líquido más valioso en el mundo. No pudo ser. El desinteresado ofrecimiento de la minería fue declinado. Así se lo comunicó el Gobierno del Principado a los impulsores de la idea. El Gobierno de la nación respondió a la industria negra, como tantas otras veces, con el despectivo silencio administrativo.

Las vacunas reposan en silos secretos de la agreste meseta castellana. Resulta imprescindible la discreción. Son el remedio para una sociedad enferma y, por tanto, el objetivo de quienes sueñan con que esta sociedad nunca se cure. Tal vez quienes tomaron la decisión tuvieron en cuenta la tan necesaria seguridad. Tal vez se acordaron de que los del 11-M vinieron aquí, a por nuestra dinamita, para la escabechina de los trenes de Madrid. Lo contó con precisión Manuel Jabois en «Nos vemos en esta vida o en la otra». La mina es muy fotogénica, queda muy bien en las fotos y en las novelas.

Guardianes de la vacuna. Sólo de pensarlo emociona. Hubiera sido esa soñada resurrección de un sector mártir, sacrificado dicen, nada menos que en pro de la salud ambiental del planeta, ¿Se imaginan? Otra vez indispensables, otra vez sacando las castañas del fuego, otra vez con los ojos de toda España puestos en nosotros, los siervos del vil mineral.

Quienes de una forma u otra somos hijos del carbón –tan certeramente bautizados por la escritora Noemí Sabugal– vivimos con la ansiedad de volver a ser útiles. De ahí que los mineros siempre estén a la que salta. Dispuestos a ofrecerse para lo que sea. Lo demostraron cuando fueron los únicos capaces de rescatar el cuerpo del niño Julen de las entrañas de un omnívoro pozo andaluz. La próxima semana hará dos años.

Qué negro era mi valle

Y lo volvieron a demostrar en los momentos más duros de la pandemia. Cambiaron el los monos por los EPI para realizar labores de desinfección, para auxiliar a personas aisladas en pueblos remotos de esta tierra tan retirada de todo. Ignoro por qué no los volvieron a llamar para desenterrar -¿se dice así?- de la nieve a los dos operarios del quitanieves sorprendidos por un descomunal alud en San Isidro. En este terruño, castigado por los argayos en el exterior y los desprendimientos en el interior, es frecuente que el enterramiento en vida preceda al enterramiento post mortem.

Aquí, donde más fácil lo tienen los Reyes para regalarnos carbón año tras año, en este recién nacido 2021 inusitadamente nos han traído cultura. Libros. Resulta que la mina, lo dice el suplemento cultural más influyente de este país, protagoniza un momento de efervescencia literaria. El leonés Julio Llamazares daba cuenta el fin de semana pasado de nuevos libros que reflejan «el impacto que acarreó el final de la minería en los paisajes afectados y en la vida de las personas».

Sostiene Llamazares que en otros países han sido más generosos con la cultura de la mina. Ya sólo con producir la universal «Qué verde era mi valle» hubiera bastado. Y añade que ahora, por fin, se le presta de nuevo la atención con lo que llama «un inventario de un pasado duro y un presente desolador».

Se llena así «un vacío histórico en la literatura española», proclama el autor de «Luna de lobos». Resultaba obligado pasar ya de «La aldea perdida» de Palacio Valdés o de la «Sexta galería» de Martín Vigil, y entrar de lleno en el siglo XXI. Entre los representantes de esa nueva literatura minera, aparece el tándem Aitana Castaño y Alfonso Zapico, con «Los niños de humo» y sus «Carboneras». Este año los Reyes no nos trajeron carbón, este año los Reyes nos trajeron libros; eso sí, libros sobre el carbón.

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