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Manuel Gutiérrez Claverol

Luis de Adaro, el gran innovador

Un paladín de la revolución industrial en Asturias

El insigne ingeniero de minas Luis de Adaro y Magro (Madrid 1849-ídem 1915) fue uno de los precursores de la geología, minería y metalurgia en Asturias, amén de progenitor de una fecunda saga. A pesar de la excelencia de su trabajo para conseguir la industrialización asturiana, la figura de Luis de Adaro es bastante desconocida y olvidada, pese a la documentada aportación biográfica que le dedicó Ramón Mañana en 2002; del mismo modo aparecen múltiples detalles de su vida profesional en su obra “Criaderos de hierro de España”, también en publicaciones de Germán Ojeda y en diversos juicios sobre su personalidad elaborados por eminentes autores, entre ellos cabe citar a su nieto Luis Adaro Ruiz-Falcó, autor de importantísimos estudios sobre la historia de la minería astur.

Una vez finalizados sus estudios universitarios, y tras formalizar en 1873 las prácticas reglamentarias en la mina de Almadén, Luis de Adaro es destinado al Distrito Minero de Oviedo, donde permaneció escasamente un año como funcionario. Derivó entonces a la empresa privada como director de la Sociedad D’Eichtal y Cía, dedicada a la explotación de carbón en la mina Mosquitera (Siero) donde puso en marcha un primitivo lavadero mecánico para separar la mena con granulometría uniforme de los estériles, lo que supuso una significativa aplicación. Con posterioridad se hizo cargo de las minas langreanas María Luisa y La Justa que agrupó en 1883, junto con Mosquitera, bajo la denominación de “Unión Hullera y Metalúrgica de Asturias”. En el intervalo 1888-1900 esta sociedad adquirió nuevos grupos mineros y en 1906 se fusionó con Duro Felguera, con lo que se logra la empresa minero-metalúrgica primordial de la región. Además de su frenética actividad técnica no descuidó las necesidades de la clase trabajadora, creando cajas de ahorro y socorro con servicios sanitarios, cooperativas de consumo, viviendas, escuelas, etc.

Nuestro personaje se caracterizó por una creatividad y una capacidad innovadora fuera de lo habitual. Un ejemplo de ello fue la constitución en 1877 de la “Asociación de la Industria Hullera de Asturias”, primera agrupación patronal capaz de catapultar el desarrollo del sector carbonero, aparte de facilitar la conexión con las altas esferas oficiales; las gestiones efectuadas ante las autoridades gubernamentales obtuvieron una elevación sustancial de la protección arancelaria y lograron la obligatoriedad de utilizar carbón nacional.

Por otro lado, tuvo la clarividencia de promocionar la actividad transformadora al rebufo de la carbonera. Lo plasmó en un riguroso informe del año 1883 acerca de la fusión de minas (un precursor de Hunosa) y la creación de una factoría metalúrgica (un adelantado de Duro Felguera, Fábrica de Mieres o Ensidesa); ello propició que la recuperación de la siderurgia dinamizara la industria del carbón, al quemarse en los altos hornos cerca de las tres cuartas partes de la producción obtenida.

Firme defensor del uso de la hulla autóctona, le preocupó normalizar algunas líneas ferroviarias de la región para mejorar el transporte (logró la modificación de las tarifas del ferrocarril de Langreo y gestionó el enlace de Sama con el ferrocarril del Norte). Dado su interés para que los buques de la Armada utilizasen el combustible fósil escribió una amplia reseña sobre “Los carbones nacionales y la Marina de Guerra” (1912) e igualmente defendió con vehemencia la construcción del puerto de El Musel para regularizar los suministros con el exterior.

En 1909 pidió el reingreso en el Cuerpo de Minas y volvió a Madrid, a partir de ese momento realizó una memorable producción bibliográfica de índole geológico-minera. Presidió la Comisión Nacional para el Mapa Geológico de España, editándose bajo su dirección varias hojas provinciales, y potenció asimismo el estudio de las cuencas carboníferas. Su experiencia sobre la geología asturiana se sintetizó en la publicación titulada: “Emplazamiento de sondeos para investigar la probable prolongación de los senos hulleros por bajo los terrenos mesozoicos” (1913) y otras dos póstumas: Criaderos de hierro de Asturias (1916) –junto con su yerno Gumersindo Junquera– y un “Atlas del estudio estratigráfico de la cuenca hullera asturiana” (1926).

Su estudio sobre los yacimientos ocultos por sedimentos más modernos, facilitó el hallazgo de la mina La Camocha (Gijón); este descubrimiento fue el punto de partida de una incesante labor prospectiva para delimitar la extensión de la cuenca carbonífera. Igualmente, a él se deben las primitivas hipótesis coherentes sobre la estructura de este ámbito geológico, convirtiéndose en uno de los adelantados de la interpretación estratigráfica y tectónica.

En su recuerdo se conserva un monumento –denominado La Carbonera– en el parque Dorado de Sama de Langreo obra del sevillano Lorenzo Coullaut que, inaugurado tres años después de su muerte, está compuesto por un busto de Adaro esculpido en mármol de Carrara y de una mujer que recoge el carbón que vierte una vagoneta en una cesta. Es de justicia agradecer a este hombre genial los 36 años que compartió vivencias provechosas en nuestra tierra y el ingente esfuerzo que hizo por engrandecernos económicamente.

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