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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Tribulación y mudanza

Antes, a los políticos que sufrían un descalabro electoral se les acompañaba amablemente a la puerta y se les echaba de la sede. Casado acaba de revertir la situación del perdedor y, tras el batacazo del PP en los comicios catalanes, echa a la sede y se queda él. En decisión sorpresiva y sorprendente, el jefe baja las persianas y blinda el candado de la casa común de los populares, que abandonan Génova en vuelo rasante. La culpa fue del ladrillo, de Bárcenas, de los años “yuppies” y “sobrecogedores”; y de las celebraciones de balcón y socialista el que no vote. Las voces disidentes que, como Cayetana Álvarez de Toledo, reclaman al líder de la derecha menguante un cambio de dirección poco podían esperar que el mando nacional se tomara la recomendación al pie de la letra.

Busca huir Casado de las taras sobrevenidas de una época en la que fue norma tirar la casa por la ventana. Ha venido el lobo electoral y de dos soplidos, uno en el País Vasco y otro en Cataluña, ha derribado la choza del cuento de los tres cerditos, que tendrán que procurarse un alquiler y apretarse el cincho en la decoración de los despachos, ahora que mengua la soldada.

El error estratégico de Casado fue ordenar la casa por el tejado y, en un escenario de disgregación del voto de la derecha, pretender construir la nueva identidad del PP en base a unos cimientos de plastilina. Ocurre que el líder nacional del PP se educó con los maristas de Palencia. De haber cursado estudios con los jesuitas habría conocido desde el tierno pupitre la máxima ignaciana: “En caso de tribulación, no hacer mudanza”. O sea, que cuando truena hay que aguardar a que escampe bajo techo. So pena de acabar desahuciado o bajo un puente.

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