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Álvaro Faes

Al final de la semana

Álvaro Faes

Oviedo ya es mundial

La propuesta para hacer de la capital asturiana Patrimonio de la Unesco

Habrá tiempo para reclamar con fuerza que Oviedo deber ser Patrimonio Mundial de la Humanidad. Habrá tiempo para blandir el proyecto, para hacer mil y un lobbies y para presumir de propuesta ambiciosa, valiente y audaz. Pero, en realidad, lo que ahora podemos subrayar sin temor a equivocarnos es que Oviedo ya es mundial; sería bonito conseguir el título porque llegaría lleno de beneficios, pero los carbayones sabemos hace tiempo que somos patrimonio del mundo y a él nos entregamos. Lo vemos casi cada fin de semana en nuestros paseos. Lo atestiguan los miles de turistas que recibimos, españoles y extranjeros; los artistas de todo el planeta que a lo largo del año pueblan nuestros teatros y el Auditorio; lo comprueba cada visitante y lo vemos cada día los que aquí seguimos, aunque a veces se nos olvide lo grande que es nuestro Oviedo.

Para el reconocimiento oficial estamos todavía en la casilla de salida. Aún no hemos lanzado el primer dado para echar a correr por el tablero. El comité encargado de dar forma a la idea, recién formado, aguarda por su primera reunión. De ahí tendrá que salir algo bueno, muy bueno. Como eso de pensar en la torre de la Catedral como reclamo para el año jacobeo. Para el jacobeo y para siempre, convertirla en nuestra Eiffel, escalera arriba para poder observar la ciudad como lo hacia el Magistral.

Oviedo ya es mundial

Oviedo tiene mucho que ofrecer, hay mimbres para una candidatura sólida y somos viejos conocidos de la Unesco. Cinco de nuestros monumentos ya están señalados como Patrimonio de la Humanidad: San Julián de los Prados, San Miguel de Lillo, Santa María del Naranco, la Cámara Santa y la fuente de Foncalada. Se trata ahora de dar un poco de forma a la ciudad y presentarla bonita, construir el relato, se dice modernamente.

El Oviedo redondo, el intramuros, es una mina en la que trabajar. La riqueza patrimonial del Antiguo es notable y su resistencia, demostrado ha quedado, es a prueba de bombas y también de derribos inoportunos. El casco antiguo de Oviedo lo ha aguantado casi todo y ahora está preparado para sonreír. Necesita cirugía. Tiene puntos negros –el martillo de Santa Ana es buen ejemplo–, pero si hacemos de la necesidad virtud, qué mejor momento para solucionar las carencias.

La Universidad y su edificio histórico es un hito que no puede pasar desapercibido y la Catedral, con todos sus retablos ya en orden, es una gran desconocida, no para nosotros, pero sí fuera de nuestros dominios. Los palacios del casco histórico, Oviedo como origen del Camino de Santiago o como sede de la monarquía asturiana, son algunas opciones que pueden ser hilo conductor de la propuesta para Patrimonio de la Humanidad.

El abanico es amplio, el grupo de trabajo heterogéneo y competente y la ciudad ofrece alternativas para desarrollar un buen trabajo. En cualquier ámbito, las bases del éxito se asientan en una actitud positiva. Sin entusiasmo no hay nada que hacer. No puede faltar. Es la gran ocasión de Oviedo, no solo para consolidarse a lo grande en el selecto club de la Unesco, sino para aprovechar el tirón de la iniciativa para hacer de la ciudad algo con más encanto todavía. Que nadie lo olvide, Oviedo ya es mundial.

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