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José Luis Marrón Jaquete

La vega de Bueño: un proyecto agronómico que puede marcar los límites de la acción política

Enfrascado como estoy en la preparación de un pequeño trabajo sobre la Concentración Parcelaria en Asturias – con acento especial en el suroccidente –, pensaba incluir a modo de anexo, una referencia especial a la vega de Bueño que, por su diferenciación de ubicación, orografía y cobertura del suelo como factores fisiográficos, además de otros de orden distinto relacionados con la disociación entre la titularidad de derechos y el papel productivo, me parecía que exigían una aproximación diferente y específica respecto de las experiencias más comunes llevadas a cabo en los procesos de Concentración Parcelaria en las áreas de montaña y más acorde con sus características tipológicas.

Sumido en estas preocupaciones, se produce una información en los medios de comunicación sobre la Vega de Bueño que me hace retroceder en el tiempo y rebuscar un escrito que con el título de “Documento para el desarrollo de un área de carácter agrícola intensiva de iniciativa pública en Ribera de Arriba” había caído en mis manos hacía mucho tiempo.

El documento, apócrifo, sin paginar ni fechar, recogía a mi juicio, a pesar de un cierto desorden expositivo, algunas ideas interesantes y atrevidas, disruptivas para el “hacer” tradicional, en el orden procedimental y en la función de la iniciativa pública – muy alejadas pero quizás pertinentes para el caso que nos ocupa – de las comúnmente utilizadas en la Concentración Parcelaria hasta ahora.

En la vega de Bueño, los propietarios o titulares de derechos no son productores, ni siquiera ocasionales; de hecho, se trata de tierras de baldío

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Particularmente, se contemplaba como expresa el título del documento la promoción de un área agrícola intensiva de iniciativa pública para su posterior explotación mediante la oportuna concesión por el sector privado y capaz de albergar una explotación de un mínimo de 20 hectáreas, y que “El Principado de Asturias como administración urbanística actuante asumiría la tramitación y el impulso de la activación, designando como beneficiario al propio Ayuntamiento que sería quién abonase las expropiaciones y ejecutase las obras necesarias”.

Lo que motivó mi interés inicial fue el carácter disruptivo del procedimiento, la actuación pública directa y el sucinto esquema de tramitación básica tentativa propuesto, a fin de abrir –a un coste razonable y en un plazo relativamente corto– la posibilidad de disponer de un lugar privilegiado por su cercanía a Oviedo y con excelente accesibilidad de una explotación modélica de un mínimo de 20 hectáreas, con posibilidades de ampliación, para la producción de kiwi, pequeños frutos, etc , con una planta aneja de carácter agroindustrial para conservar, envasar, etc, demandante además de las producciones del resto de las parcelas y que simultáneamente podría transmitir un “efecto demostración” para otras áreas de ribera similares, no para replicar pero si para trasladar los efectos benéficos de un proyecto de estas características.

Vista general de la vega de Bueño. | Miki López

No he dispuesto de información documental alguna con posterioridad al documento inicial citado que bien se podría considerar como una “declaración de intenciones” y un esquema tentativo para la acción pública; desconozco si se trabajó en algo parecido a un “estudio de factibilidad” de un potencial proyecto así como si se informó con diligencia y transparencia a los titulares de derechos sobre el suelo de lo que se pretendía realizar, así como del grado de acuerdo sobre el particular entre las dos instituciones concernidas: Ayuntamiento de Ribera de Arriba y Principado de Asturias. Ausencias que me impiden valorar la bondad del proyecto, si existe, y su viabilidad económica y social.

Ha pasado mucho tiempo. A través de los medios de comunicación me entero de la convocatoria de un pleno en el Ayuntamiento de Ribera de Arriba, a celebrar el 27.05.2021 y que en su punto 2.1 de su parte resolutiva señala el “Desistimiento de desarrollo, gestión, ejecución y promoción urbanística del área del suelo denominada Bueño en Ribera de Arriba, como área piloto de carácter agrícola intensiva”.

Simultáneamente, en estos últimos días la austeridad informativa por parte de los representantes de las instituciones se rompe en un acto en Bueño con presencia de altos cargos de la Consejería del ramo; nos enteramos de la existencia de una alternativa y que se trabaja en un proyecto para la Vega de Bueño a fin de “recuperar y preservar los suelos agrícolas en desuso”, de 58 hectáreas , que albergan más de 400 fincas de unos 60 propietarios y que las directrices serán las que favorezcan “la redimensión de las parcelas que multiplicarán por 5 su tamaño lo que favorecerá los standares de producción” y que “una vez completado el proyecto, los propietarios podrán dedicar las parcelas a usos agrícolas por medio del autoempleo o bien podrían optar por poner los terrenos en el mercado de suelos agrarios para que se instalen allí agentes especializados en su explotación”. Se calcula que el proceso llevará unos 5 años.

Una reiterada y atenta lectura de los párrafos entrecomillados me sume en una gran duda: no sé qué reseñar más, si la confusión del texto o la existencia de una velada pero posible realidad de que esta primera redimensión de las parcelas puede abrir al cabo de 5 años otro proceso similar para dar respuesta a las demandas diferenciadas de parcelas si fracasa el autoempleo.

Lo cierto es que si bien la ausencia de una explicación razonada sobre el cambio radical en el planteamiento del proyecto produce una mezcla de insatisfacción y desconcierto, las explicaciones ofrecidas por los altos cargos de la Consejería de Agricultura y Cohesión Territorial no solo no han conseguido aplacar esas primeras sensaciones sino que han incrementado la zozobra e inquietud, porque dan a entender que no existe un proyecto riguroso, en el sentido de tener claros los vectores que lo configuran y dado que las expresiones transcritas recuerdan el carácter incrementalista que ha caracterizado la Concentración Parcelaria en áreas de montaña, quizás obligada en esas zonas por la escasez de suelo y por que el binomio Propietario/Productor allí se anuda en la figura del campesino pero que resulta absolutamente desaconsejable en la Vega de Bueño. Solamente el hecho de que el objetivo se sitúe en pasar del tamaño medio actual de las parcelas: de 0.1 hectáreas a 0.5 hectáreas nos revela la altura de miras que preside la operación.

El exigible respeto a todos los titulares de derechos se tiene que traducir en la existencia de una información puntual, transparente y objetiva

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Con el ánimo no ya de enjuiciar sino de requerir información razonada para tratar de entender los principios que inspiran la propuesta y desvelar su carácter finalista; es decir a que responde y a quienes se dirige prioritariamente y siempre con la mayor disposición y ánimo de rectificar si mis apreciaciones resultan extemporáneas y se presentan otras que resultan ser convincentes para todos los “grupos de interés” y el bien común, me permito aportar las reflexiones siguientes sobre la inadecuación de la experiencia llevada a cabo mayoritariamente en los procesos de Concentración Parcelaria en Asturias y su réplica mecánica en el caso que nos ocupa:

–La Concentración Parcelaria en áreas de montaña trata de incrementar y favorecer la productividad de las explotaciones, reducir las tareas más penosas para los titulares y aumentar su nivel de bienestar. Los campesinos son los productores directos que supuestamente van a seguir en la explotación, después de la reparcelación.

–El conocimiento adquirido, por herencia y el intenso trabajo cotidiano del propio productor constituye un acervo técnico, un capital humano esencial para la pervivencia y el desarrollo de la explotación.

–La cubierta del suelo en una orografía abrupta y escarpada se dedica a pasto para el sustento de ganaderías de vacuno y la producción de carne y leche.

–Aún así y sin infravalorar el éxito obtenido en la consolidación de algunas aldeas ganaderas como centros con potencial futuro gracias a la Concentración Parcelaria, el tamaño medio de las explotaciones y el nivel de fragmentación resultante limitan las posibilidades reales de la mayoría para acercarse a los umbrales de rentabilidad necesarios

En la vega de Bueño, los propietarios o titulares de derechos no son productores, ni siquiera ocasionales; de hecho se trata de tierras de baldío. Se encuentran desconectados del sistema productivo aunque mantengan fuertes vínculos emocionales con la tierra. La fertilidad de la tierra, su escasa o nula pendiente y la posibilidad de albergar “recintos” de gran tamaño le confiere una clara vocación para producir kiwi, pequeños frutos u otros productos de alto valor añadido y demanda creciente en el mercado.

El conocimiento técnico necesario para la producción de estos productos se encuentra en manos de los técnicos agronómicos, tanto los que trabajan en el sector privado como los funcionarios que han dedicado su conocimiento y trabajo en investigar, asesorar y dirigir explotaciones varias, así como los emprendedores que han arriesgado su dinero y han empleado su tiempo para conseguir su implantación en Asturias y en parcelas de tamaño significativo.

Estas son, entre otras, algunas de las razones por las que reconociendo el enorme bagaje de experiencia y conocimiento que acumulan los técnicos de la Consejería del ramo en cuestiones como lo aspectos procedimentales, la valoración de los terrenos, el rediseño de las parcelas y las infraestructuras conexas y la negociación para obtener los consensos necesarios, y un sinfín de tareas más que avalan una experiencia valiosa para procesos de reparcelación muy diferentes, no están compelidos en estas observaciones. Creo que es la dirección política la que debe explicar los principios y objetivos que inspira la decisión adoptada.

Resulta inquietante nuestra incapacidad para superar lo que supone un problema endémico para la región: la inmensa dificultad para obtener “recintos” (superficie continua que produce un solo producto) de un mínimo de 15-20 hectáreas, a fin de ponerlo a disposición de un potencial inversor-explotador que presente un proyecto en toda regla y evitar así los insuperables “costes de transacción” que ahuyentan y al final impiden la ejecución de proyectos de gran interés.

Manuel Coque Fuertes, cangués de Obanca (lugar paradisiaco donde de pequeño vendimiaba unas pocas cepas del varietal moscatel para Casa Cachón de Carbayedo, que nunca llegaban al “goxio”y menos a la cuba), introductor del kiwi e investigador fundamental de nuestra región aseveraba desde su retiro (LNE; 23/24.05.2021) que “Las vegas asturianas no pueden estar llenas de maíz y prado del país” y que en las vegas del Narcea desde Vegañan hasta la desembocadura del Nalón, había más o menos unas 1.000 hectáreas, de terreno que era el lugar para que estuviese toda la fruta y hortaliza de Asturias, y se lamentaba de su incapacidad, en la década de los 80 del siglo pasado para conseguir una finca de 15-20 hectáreas, tanto para un empresario francés del kiwi como para un alemán destinada a una plantación de arándanos.

Expresiones similares, vivencias compartidas, las encontramos también en expertos como Juan. A. Lázaro, gerente del Grupo de Desarrollo Rural del Bajo Nalón, o en Francisco Feito de Feito y Toyosa. Se reproduce siempre el calvario que supone el proceso de agrupación de fincas y los elevadísimos “costes de transacción” que significan.

Si se me permite una extravagancia, supóngase lo que podría haber significado, en ausencia de una gestión eficiente previa, que no se hubiera previsto en el proceso de diseño del polígono de Bobes, un área diferenciada de tamaño para albergar a Amazon.

Ha aparecido, también, algún titular que recogía declaraciones en las que se justificaba el cambio del proyecto, por la sustitución de la expropiación prevista por la incentivación del acuerdo entre propietarios. Pero este enfoque puede tener sus puntos débiles.

De la jornada “El medio rural en diez minutos” y de la “Ponencia en la Asociación Cultural de Bueño” entresaco los siguientes párrafos expresivos de un cierto sentir, no sé si mayoritario o minoritario, pero que son de rabiosa actualidad en estos momentos:

–No se puede volver a explotar la tierra por los métodos empleados durante siglos hasta ahora, si se pueden acomodar los aprovechamientos a los nuevos criterios de explotación: mecanización, y productos especializados en grandes superficies.

–Todas las iniciativas llevadas a cabo tendentes a conseguir adecuadas unidades de superficie para la explotación racional de la vega resultaron insatisfactoria. Los intentos de Concentración Parcelaria o de obtener suelo suficiente para una explotación racional del terreno resultaron inútiles.

Se considera procedente acudir a los instrumentos de que dispone la iniciativa pública en Asturias.

Pero además existen razones y cálculos muy simples para suponer que la operación para los propietarios no será capaz de generar unas rentas muy elevadas a través del arrendamiento: en torno a 250-300 /año por parcela de 1.000 metros cuadrados y una atadura con el arrendatario entre 30-40 años, plazo usual para asegurar el retorno de la inversión.

Conseguir el 90% de acuerdo con los titulares con estos mimbres tampoco parece empresa fácil.

Por último no creo que pueda resultar inoportuno remarcar que en la solución para la Vega de Bueño el exigible respeto a todos los titulares de derechos se tiene que traducir en la existencia de una información puntual, transparente y objetiva en todas las fases del proyecto y también de una Compensación justa pero la dimensión estratégica del proyecto exige contar con la presencia y colaboración de los “grupos de interés” (stakeholders) en la medida en que representen el interés general de Bueño y del municipio de Ribera de Arriba. Dada la tendencia de la Administración Pública a recorrer caminos trillados y la falta de ímpetu para afrontar la complejidad del problema o de una concepción vigorosa del “hacer” temo que se acabe imponiendo una estrategia a largo plazo cercana a una “maniobra de distracción”. Lamentablemente debemos esperar varios años para poder valorar esta solución, que más que un aspecto administrativo se transmuta en una cuestión de voluntad política.

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