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Carmen Pérez Novo

¿El aborto como recurso?

El crecimiento imparable de la interrupción voluntaria del embarazo

Desde que en 1984 el programa Euro/OMS de Sexualidad y Planificación Familiar incluyera entre sus objetivos la información contraceptiva para incrementar la calidad de vida de las personas, se tuvo claro que la prevención de embarazos no deseados era una de las principales medidas preventivas dentro de un sistema sanitario desarrollado. Pues bien, a juzgar por los datos que conocemos, da la sensación que al nuestro le queda un largo camino por recorrer. Porque el número de abortos no ha dejado de crecer desde su despenalización en 1985. ¿Nos estaremos acostumbrando a la interrupción voluntaria del embarazo como algo natural? Porque anticonceptivos tenemos. Información también ¿Falla entonces la formación? Pues algo de eso debe estar pasando.

Hace unos meses en una revista de Ginecología leía que tras una encuesta realizada a mujeres adultas se había llegado a la conclusión de que existía una alarmante carencia del conocimiento de los métodos anticonceptivos. De hecho, casi siete de cada diez habían olvidado alguna toma de píldora sin tener conciencia del riesgo que suponía. Además, el 57% había experimentado vómitos o necesitado un antibiótico, y solo la mitad había sido consciente de que estas circunstancias podían comprometer la eficacia del contraceptivo. ¿Tantas mujeres se automedican? Porque todos estos pormenores se explican claramente en las consultas de ginecología. Pero hay que leer las prescripciones que se dan por escrito y pensar en lo que se lee. Y eso supone un esfuerzo demasiado grande. Lo decían las mujeres de la encuesta anterior: casi dos tercios preferían un método en el que no tuvieran que pensar. Muy, pero que muy, fuerte.

Vamos a tener que reivindicar que a los niños los vuelva a traer la cigüeña como sucedía hace unos años ¿Que estoy diciendo tonterías? Pues hay un sector de población adulta que cree en ello. Se dice en la encuesta anterior: una de cada seis mujeres, aunque no estén planificando aumentar la familia, admite practicar sexo desprotegido con su pareja. ¿No es acaso lo mismo que creer que los bebés vienen de París?

La verdad es que no tiene desperdicio la sociedad que estamos construyendo. Queríamos sexo libre. Y lo tenemos. Pero estamos demasiados flojos para hacerle frente a la parafernalia que engloba. Porque joder, follar, echar un polvo, hacer el amor, da mucho gusto. Pero tiene sus riesgos. Y, usar el aborto como recurso, no es propio de personas civilizadas.

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