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Millas

El trasluz

Juan José Millás

Mermelada

El mundo se ha vuelto tan difícil de dirigir que hemos aceptado que nos lo desdirijan. A nuestros dirigentes deberíamos empezar a llamarlos desdirigentes. Y no lo digo con ironía porque, en líneas generales, desdirigen bien. No me refiero a los nuestros, a los españoles, sino a todos los deslíderes que en el mundo son. Hay días en los que suena el despertador, abro los ojos, contemplo los diferentes hilos narrativos de mi propia vida y me pregunto si los podré sacar adelante un jueves más. Una vida es una cosa muy pequeña comparada con siete mil millones de vidas, que es el número de seres humanos que se afanan en este trozo de roca cultivable llamado Tierra. No debe ser fácil poner un poco de orden en un lugar donde se manejan inventos tan extraños como el dinero, la ganadería intensiva, el chuletón al punto y el yogur desnatado. Pero donde no se puede poner orden se pone desorden y ya está.

Es lo que hago yo, que no tengo ni idea de guisar, en la cocina. Veo lo que hay en la nevera y lo voy echando a la sartén sin orden ni concierto. Al final, si el aceite es de oliva y los productos frescos, sale un plato comestible, incluso bueno. Intento desdirigirme, en fin, porque los intentos por dirigirme han conducido todos al fracaso. Si yo dirigiera un periódico, no sabría cómo jerarquizar las noticias del mismo modo que ignoro cómo jerarquizar las verduras. Lo bueno es que las noticias, a veces, se jerarquizan solas. Si te llaman porque tu padre ha tenido un accidente de automóvil, verbi gratia, desaparece de inmediato la preocupación por las últimas sentencias políticas de determinados tribunales españoles.

Habría que dar con el equivalente colectivo a la noticia de la muerte de tu padre para colocarla en la primera página. No es fácil hallarlo en un mundo completamente desdirigido, aunque convendría intentarlo. Por lo que a mí respecta, debería salir ahora mismo de la cama y enfrentarme a mi propia vida, llena de tramas, subtramas y metatramas que cuelgan, como un conjunto de flecos, de mis pensamientos. El primer problema con el que tropiezo es con el de la mermelada, que dejé abierta y tiene moho. Y la mantequilla ha caducado. En cuanto a la luz, vuelve a subir. Desayunaré en el bar.

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