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Francisco García

Billete de vuelta

Francisco García

Desafección, renuncia y descontento

¿Cómo poner freno a la desafección ciudadana respecto a la actividad política cuando los habitantes de un territorio aparecen como convidados de piedra al bodorrio de la confusión, a la ceremonia bufa vivida esta semana con la enésima vuelta de tuerca al plan de vías de Gijón, una partida del juego de la oca condenada a regresar a la casilla de salida, y así ya después de pasadas dos décadas?

Han pasado cuatro presidentes de Gobierno con sus respectivos ministros de Fomento y el “solarón” mengua en aumentativo, la estación provisional del tren se perpetúa en la sección de juguetería de la Señorita Pepis, la de autobuses mantiene su apariencia de chamizo, y cuando llueve se moja como la que más… Y los gijoneses, mientras, estupefactos, aguardan a ver las obras en marcha, sea en Moreda o en las cercanías del Museo del Ferrocarril, y contemplar algo de luz al final del túnel del Metrotrén. Mientras tanto, el plan de vías sigue en vía muerta.

Conviene marear menos la perdiz: a ver si no queda muy lejana la celebración del final del cuento. Y si no se comen perdices, que sean al menos pichones de Tierra de Campos. Lo mismo cabe decir del misterioso asunto del puente de la Barrosa: los alcaldes de Tineo y Salas ven las obras paradas; el Ministerio de Transporte las contempla, sin embargo, a pleno rendimiento. Puede que entre Xuanín y Xuanón esté Xuan, pero no parece que los regidores hayan acudido a ver el puente a la hora del bocadillo...

La creciente desconfianza de los ciudadanos, la extendida sensación de descontento a la vista de que las cosas no funcionan como debieran, la renuncia a la participación cívica, la tendencia al abstencionismo son en parte consecuencia de la incapacidad de la clase política en resolver los problemas de la calle, los menores y también los grandes. Van pasando las generaciones desde el advenimiento de la democracia y el común mantiene idéntica opinión que quienes le precedieron: “Tenemos la peor generación de políticos en décadas”. Desde Felipe González para acá, cada jefe de Gobierno es peor considerado que su antecesor.

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