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José Antonio Díaz Lago

Bajo el volcán

La escasa competitividad de la economía asturiana

“Lo que quiero son hechos, solo hechos”, así empieza “Tiempos difíciles” la novela de Charles Dickens sobre las miserias de la Inglaterra victoriana. Lo que ocurre con los hechos es que suelen ser controvertidos y hasta los más obvios pueden hoy en día discutirse; todo depende de la habilidad del que lo explique, que puede dar la vuelta como un calcetín casi a cualquier cosa, ejemplos sobran. Así que recurramos a la más prosaica estadística y a la exposición de datos, tampoco exentos de manipulaciones; ya Corrado Gini sugería tomar alguna precaución al analizar datos, esencialmente dos: ¿quién lo dice? y ¿cómo lo sabe? Así que intentaremos basarnos en fuentes fiables.

Bajo el volcán

El Consejo General de Economistas de España elabora anualmente un informe para medir la competitividad de las distintas autonomías utilizando un importante número de variables e indicadores socioeconómicos relacionados con la misma y clasificados en distintos ejes, con un resultado global por autonomía y por eje y tomando la mayor parte de los datos del INE y de Eurostat. En esa clasificación de competitividad, en el último informe publicado, Asturias aparece en la posición global número once de diecisiete, con resultados aún más bajos en mercado de trabajo y entorno económico (ambos ejes en la posición doce) y un nada halagüeño resultado en entorno institucional (posición trece). El eje de innovación tampoco sale bien parado (once), lo que no es extraño teniendo en cuenta que la inversión en I+D se mantiene muy por debajo del uno por ciento del producto interior bruto asturiano, situando a Asturias entre las comunidades autónomas que menos dedican a esta finalidad. El eje en el que Asturias sale mejor situada es infraestructuras (posición cinco): parece que las infraestructuras ya no son un problema crucial en Asturias (actividad del aeropuerto y del puerto aparte, pero eso más que con las infraestructuras tiene que ver con la capacidad de dar viabilidad a las mismas).

En cualquier caso, lo más preocupante es que las comunidades autónomas limítrofes o cercanas (Galicia, Castilla-León, Cantabria, País Vasco) obtienen mejores resultados, tanto globales como en la práctica totalidad de los ejes considerados. El dictamen final del informe citado es que Asturias tiene un nivel de competitividad bajo, señalando que es la comunidad autónoma que ha experimentado mayor descenso en la misma. La conclusión del informe, referida a la competitividad es elocuente: “en el caso del Principado de Asturias es reseñable el intenso descenso que experimenta”.

El gran misterio, la paradoja, es cómo lo soportamos, cómo nos hemos acostumbrado, como si tal cosa, a perder población a miles cada año, a tener los peores datos de crecimiento económico desde hace décadas y a ostentar la peor tasa de actividad laboral de España. Sin duda, la clave está en las justificaciones, siempre las hay: si tenemos los peores datos de evolución del paro de septiembre, en relación a un año antes (Ministerio de Trabajo), se dirá que en términos absolutos mejoramos, aunque obviando que también lo han hecho los demás. Esa es una de las claves para sostener que las cosas no van tan mal: compararnos con nosotros mismos, con como éramos hace un año, el de la pandemia… o hace cincuenta años; y evitar compararnos con los demás, especialmente con las regiones colindantes, esas que nos rodean y de las que en términos de desarrollo económico nos estamos alejando.

Quizá hay dos razones que explican la paradoja. La primera es que, según datos del INE, el PIB per cápita de Asturias toma un valor de 88,1 respecto a la media nacional de 100, mientras que la renta disponible per cápita en Asturias se sitúa en 103,2 es decir hay una diferencia de 15,1 puntos entre ambos parámetros (la comunidad que más se acerca es Cantabria que tiene una diferencia en el mismo sentido de 10 puntos, mientras la más dinámica, Madrid, tiene 10 puntos de diferencia en sentido inverso). Este hecho (un nivel de renta disponible en Asturias por encima de la media de España, aunque descendiendo año a año) enmascara en buena medida la realidad y puede explicar que no haya una conciencia social de urgencia respecto a la situación de declive económico.

La segunda razón que puede aclarar la paradoja tiene que ver con la igualdad de rentas entre la población. Para medirla el INE divide la renta media obtenida por el 20% con renta más alta entre la renta media obtenida por el 20% con renta más baja. De acuerdo a este índice, la igualdad de rentas en Asturias ha venido siendo, en las series estadísticas trazadas, mayor que la de España: esto ha actuado como atenuante de los problemas económicos, e incluso como elemento de cohesión social en Asturias. El problema es que esta trayectoria histórica parece empezar a cambiar de modo acusado en el año 2019. Si esta evolución no es coyuntural y se ratifica en años posteriores significaría que la desigualdad interna de rentas puede estar creciendo en nuestra región, lo que sería un problema añadido más.

En definitiva, en Asturias hay un número considerable de rentas elevadas, derivadas de algunas cuantiosas jubilaciones y del peso del sector público, pero no se genera riqueza al ritmo del resto del país y, sobre todo, de las áreas económicas circundantes, lo que se traduce en una pérdida constante de competitividad. Por eso muchos jóvenes no encuentran trabajo y deben irse, por eso Asturias pierde población y por eso la economía no es tan dinámica como en otras zonas, sin descartar que pueda estar empezando a crecer la desigualdad de rentas. O se toman medidas que cambien el escenario o el panorama es inquietante: el volcán asturiano no lanza llamas ni origina deltas, simplemente provoca una suerte de extinción lenta, una callada y paulatina decadencia.

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