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Xuan Xose

Las imanas de Podemos

Legislar contra las “miradas impúdicas”

El ministerio monteriano, que es parte del Gobierno de Sánchez, pretende legislar sobre el acoso sexual en el trabajo, y bajo la palabra “acoso” incluye prácticamente cualquier tipo de confluencia espacial que pudiera darse entre un hombre y una mujer. Por ejemplo, califica como acoso las “miradas impúdicas”, los “gestos”, el “acercamiento físico excesivo”. Ya me dirán ustedes de qué modo se establecen o certifican parámetros como el “acercamiento físico excesivo” o los “gestos”, pero fijémonos únicamente en uno: las “miradas impúdicas” (otros hablan de “miradas lascivas”). ¿De qué manera se establece que una mirada es impúdica o lasciva? ¿Basta con el criterio de la lascivada o impudicada? ¿Tendrán las empresas que instalar lascivómetros o impudicómetros para un control de las miradas y su exacta valoración? ¿Podemos sospechar que alguna entidad o persona próxima a la organización podemita tiene ya inventado y registrado el aparato para colocarlo en el mercado y ayudar a la financiación de la organización?

¿Y qué ocurrirá cuando las denuncias lleguen a la justicia? ¿Examinará al acusado el tribunal pidiéndole mirar a la denunciante y establecer así, por el brillo, intención o malicia de su mirada, si es capaz de emitir miradas lascivas? ¿O examinará a la denunciante y valorará si es ente suficientemente capaz de suscitarlas?

Pero, como ven ustedes, los destinatarios de esa normativa, los prejuzgados por ella, son los varones. ¿Ignoran acaso las monterianas ministeriales que también las mujeres son capaces de comentarios, miradas, gestos de aprecio y valoración de los varones? ¿De sus pectorales, sus espaldas, sus glúteos, su paquete? ¿No las han oído nunca? ¿Jamás han visto a un grupo de mujeres en una empresa valorar física y sexualmente al recién llegado o al ya visto pero siempre vistoso?

Por otro lado, parecen ignorar cómo se producen las relaciones interpersonales, los ligues, coyunturales, afectivos o sexuales. Se hace a través del intercambio de miradas, de gestos (¿qué es la coquetería, si no?), de palabras, que una cosa es el acoso, el abuso de dominio, por ejemplo, o la insistencia tras el rechazo, y otra el feedback, la realimentación de señales entre dos seres humanos en un procesos de pruebas y ensayos hacia una mayor intimidad. ¿Lo desconocen las postulantes o lo hacen porque su discurso es una red que las hace distorsionar el mundo?

En cualquier caso, el objetivo último de estas damas es semejante al de los imanes más radicales: encerrar en un burka al varón (no al suyo, ¡mehercle!), impedirle la acción, la palabra y hasta la mirada.

Sé adónde nos quieren llevar estas damas podemitas, lo que ignoro es de qué espelunca enfermiza y estrábica ha salido esta perturbada, diurna y nocturna turba, que alarida triste y que vuela grave (y que don Luis me perdone).

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