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Pedro de Silva

Movilidad insostenible

Hubo un momento, hace ya bastantes años, en que parecía que, conforme se peatonalizaban las calles, el TEMPO del peatón iba a tener al fin una vidilla, como el propio nombre del proceso daba a entender. Los que esto pensaban olvidaban que la existencia abusiva de coches y artilugios de toda clase para moverse más deprisa que al compás del corazón y al paso de los pies no era más que un epifenómeno de la prisa mental o cultural, y era solo cosa de tiempo que la mente se impusiera de nuevo sobre sus instrumentos operativos. Ahora los coches han sido domeñados algo, pero un tropel pluriforme de bicis, patines, patinetes y ciclos a motor acosa al peatón, que ha de ir tan atento a los signos sobre el pavimento, que le achican espacios, como al alarde de los que no respetan esos signos, que son legión. En la nueva movilidad sostenible cuesta sostenerse si no va uno sobre ruedas.

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