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Urbano Rubio Arconada

Competitividad

Urbano Rubio Arconada

Industria asturiana herida

Medidas para recuperar el sector industrial del Principado

Un lugar de aquí. Era primavera del 75. Calles polvorientas abarrotadas de camiones repletos de minerales y de metales a cuenta de una Asturias industrial que aportaba cerca del 50% de su PIB, lo que provocaba que la provincia ocupase una honrosa sexta posición. Escuelas de aprendices y universidades llenas de jóvenes inquietos convenían en prepararse para un futuro con ilusión en un mercado laboral dinámico de cero desempleados forzosos, y donde los mozos compaginaban los estudios con las movilizaciones callejeras por la ansiada libertad. Una España, aquella, que, por ejemplo, duplicaba la renta per cápita de Irlanda (hoy Irlanda triplica la renta a España) y que con mucha producción y esfuerzo tecnológico, consiguió auparse en la posición nueve del mundo gracias a la industria. Llegados los 80: la “reconversión industrial” y empieza el declive. Numerosos sectores industriales fueron cerrando transfiriendo su producción lejos de aquí, buena parte a la “fabricona” asiática. La situación actual es calamitosa para la manufactura asturiana: se perdieron más de la mitad de los empleos en medio siglo. La industria, considerada el motor de la economía asturiana, empleaba 115.000 trabajadores hace cincuenta años frente a unas 50.000 personas, según datos del INE, que serán menos tan pronto los “empleados zombies pasen a muertos”. Las sucesivas reconversiones políticas (la última la descarbonización) han llevado por delante miles de empresas de los polígonos del Principado. La cartera de pedidos del sector desciende año a año y algunas empresas importantes en el tejido industrial asturiano, están procesando posibles desmovilizaciones por los altos costes productivos. Los índices globales que marcan nuestra referencia con el resto de España siguen en línea descendente: la Competitividad, en la posición 15 de las 17 comunidades autónomas; en la posición 11 en el Índice de Innovación, el puesto 15 en Libertad Económica y la última posición en Actividad Productiva. Las tasas portuarias más elevadas que la de otros puertos del norte de España de nuestra competencia, el alto precio de la energía y la alta fiscalidad hace que el peso del sector industrial de Asturias ya esté por debajo del 12,7% del PIB, a pesar de la ingente cantidad de recursos dinerarios que se inyectaron a la economía a través de los Fondos Mineros que se fueron por el sumidero. La desindustrialización es debido a varios factores, quizás el principal haya sido motivado por la globalización, que ha contribuido a incrementar la deslocalización de la actividad empresarial –total o parcial– a otros países, por razones de competitividad: para un mismo producto, las empresas eligen localizaciones livianas impositivamente y con costes bajos en energía y en salarios. El segundo factor que incide en nuestro tejido industrial se caracteriza por la pequeña dimensión de sus empresas, lo que se traduce en una escasa capacidad inversora y en la dificultad para acometer gastos de I+D+I. Las industrias de tecnología alta y muy alta solo representan una tercera parte del total mientras que la mayoría son empresas de media o baja tecnología. El análisis de los datos relativos a la balanza tecnológica muestra que todavía estamos muy por debajo de lo que correspondería al nivel de desarrollo. El tercer factor se debe a la influencia que ejercen los gobiernos sobre las empresas. Facilitar las cosas al empleo productivo es la clave del éxito, mediante una legislación laboral moderna adaptada a las nuevas necesidades productivas que favorezcan el emprendimiento. Esto es, regenerar un paradigma favorable al capitalismo integrador que desregularice el arbitrio estatalizado para avanzar hacia la prosperidad. En definitiva, la industria tiene su mejor futuro en aquellos sectores y empresas cuya producción esté dotada de un alto componente innovador y un eficiente sistema de gestión integral. En sectores de baja tecnología tenemos poco futuro frente a quienes tienen costes laborales más bajos, como los países emergentes. El futuro está en la internacionalización de nuestras empresas y en la exportación de productos con valor diferencial. El remanente industrial de Asturias tiene potencial a cuidar y ampliar, y no con eslóganes ni con partidas de presupuesto ficticias, sino con medidas que hagan atractivo invertir y crear riqueza como opción vital para el desarrollo y crecimiento sostenible. A fe mía la industria asturiana está gravemente herida, pero no hundida.

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