Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Francisco García

Sánchez amenaza a Putín (jajajaja)

Los mensajes que llegan de la crisis ucraniana no suenan esperanzadores, aunque no es de esperar, por sentido común, que alguien asuma el golpeo de los tambores de guerra. La geopolítica es una partida de ajedrez en la que se juega mucho con la psicología del oponente, en buscar las debilidades de su poder mental. Nadie duda, a esta hora, que la noticia que da más titulares en la sección de Internacional parece un calentón de la guerra fría, aunque en distintos escenarios y con nuevos actores. A cada lado del tablero se sitúan los de siempre: Estados Unidos y Rusia; con el añadido de los chinos en el bando de los analistas de Putin. Si los rusos invaden el país vecino con la aquiescencia del gigante amarillo para frenar a Occidente, ¿quién va a impedir después al régimen de Pekín el asalto a Taiwán? “Empieza el baile”, declaró ayer Josep Borrell, alto representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad. Esas manifestaciones se antojan inquietantes.

En estas estábamos cuando decidió coger el micrófono el presidente del Gobierno de España para amenazar a Moscú con “sanciones gravísimas” si ataca Ucrania. Se antoja poco fiable la política extranjera de un país que lleva cinco ministros de Exteriores en cinco años. Y además poco inteligente si se tiene en cuenta que su abastecimiento energético depende en cierta medida del gas ruso y del argelino, país este último que empieza a gravitar, por la disputa con Marruecos por el Sahara, alrededor del satélite ruso. Por fortuna para el agua caliente de nuestras duchas, no parece que Putin tiemble de miedo por la amenaza que llega de Moncloa, por este inesperado Pedro y cierra España. O Expaña, que es a lo que este país se va pareciendo más cada día que pasa.

Compartir el artículo

stats