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Antonio Trevín

Nueva política y sus maquiavelos

Consejeros y juventudes; la conflagración popular

Gobernantes y consejeros han sido desde siempre una pareja de hecho. Hay gente que prefieren gobernar y los hay encantados de susurrarles al oído. No sé si Maquiavelo es el primero de estos últimos, pero si fue el que, posteriormente, tuvo mayor influencia. La mayoría evitan asoleyarse al recordar cómo acabó Rasputín en la corte zarista, el pasado siglo. Pero nunca como ahora su influencia fue tan evidente y decisiva.

Manuel Manquiña , el personaje de “Airbag”, definió el papel al que aspiran con exactitud: “Profesional, muy profesional”. Miguel Ángel Rodríguez, asesor, antes de Aznar y ahora de Ayuso, lo es. Y de los mejores. No desperdicia ni las lecciones del mencionado Manquiña: “Vamos a llevarnos bien, porque sino va a haber hondonadas de hostias aquí, ¡eh!”. Casado, sin embargo, o no vio dicha película o no estuvo atento a sus enseñanzas. Se empeñó en no llevarse bien con la Presidenta de Madrid y MAR le replicó con unas “hondonadas de hostias”, como pocas veces se había visto. Rodríguez logró convertir una inmoral comisión al hermano de la presidenta madrileña (de 283.000 euros, por unas mascarillas valoradas en 1,5 millones y adjudicadas a dedo cuando fallecían diariamente cientos de personas), en un escándalo por presunto espionaje de la dirección popular a la mandataria madrileña. Su guión fue perfecto y la interpretación de Ayuso, de Oscar de Hollywood.

Tanta importancia está adquiriendo esto de aconsejar a los que mandan, que han puesto a lo suyo un nombre inglés: spin doctor. Iván Redondo, que ejerció de maquiavelo con políticos populares y socialistas, es otro de los más relevantes. De la Alcaldía de Badalona a la Presidencia de la comunidad extremeña. Y de la Moncloa al paro por asoleyarse en exceso. Una carrera meteórica la suya. Ahora escribe plúmbeos y enrevesados artículos, indicando qué deben hacer unos y otras, al tiempo que tira “picaos” en busca de nuevos destinos laborales.

No se si es una simple coincidencia o algo consustancial pero estos avispados consejeros incrementan su presencia e importancia al acceder a responsabilidades públicas líderes y lideresas criados en las organizaciones juveniles partidarias, unas “personas que buscan acomodo en un partido o cerca desde jóvenes, y viven y envejecen sin haber trabajado más que para mantener una silla, a costa del dinero público”, según Ángel Casas. La democracia española tiene pendiente una reflexión profunda sobre formación y selección de cargos y responsables públicos.

Tan intensas como fugaces fueron las trayectorias políticas de Rivera, Iglesias y Casado. El partido del primero amenaza con seguir sus pasos. El Podemos de Pablo fía su supervivencia a una política, con formación clásica, comunista y sindicalista de clase, por suerte. El PP del otro Pablo clama para revitalizarse con un insigne representante de la vieja política: Feijóo. Y en el gabinete de Moncloa el exhibicionista Redondo fue sustituido por dos socialistas jóvenes, pero adiestrados por lo mejor del viejo socialismo.

Mejor les hubiera ido, a algunos, si hubieran seguido los consejos del costumbrista Santiago Montoto: “En la vida hay que tener paciencia y prudencia. Verbal continencia. No exhibir excesiva ciencia. Y presencia y ausencia, según conveniencia”.

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