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JC Herrero

Cómo explicar a Piqué el “conflicto de intereses”

Los negocios entre el defensa y la Federación de Fútbol

Gerard Piqué despacha con descoco su cuenta de resultados. Es futbolista y empresario, además de periodista por horas, devolviendo una pregunta que afecta a la moral, cuando le espetan que llevarse cuatro millones de euros, por ser la parte contratante de la segunda parte en exportar la Supercopa de España a Arabia Saudí.

–¿Cuál es el conflicto de intereses, Juanma..? –devuelve la pregunta al periodista profesional.

Hay que tener en cuenta que Piqué es un central nato, va bien de cabeza. Juanma Castaño debió dedicar unos segundos a explicar la función económica del conflicto de intereses. Tal que si te vas a embolsar en una operación relámpago la friolera de cuatro millones de vellón, lo menos que hay que hacer es repasar la asignatura de Economía. El fútbol, a nuestro pesar, cotiza en bolsa, desde que en 1983 lo hiciera el Tottenham. Por lo tanto además de césped hay “parqué”.

Para contestar a Piqué hay dos formas.

La primera es empírica, subdivide técnicamente el “conflicto de intereses” a tres niveles de interpretación. El primero es “potencial”, es decir, tienes interés personal en la operación, pero no tú no decides, o sea te cuestionan y punto.

La segunda variante de imputación de interés interesado es la “real”. No tiene que ver con estamento alguno, aunque hayas insinuado que medie en tu negocio una institución de alcance nacional, y claro está, te salga el tiro por la culata. Ahora bien, conculcas la objetividad a la que se debe la RFEF, debiendo de abstraerte. Sigues sujeto por tanto a críticas, qué menos.

La tercera categoría del conflicto es la acusatoria, llamada “aparente”, a la que has tenido que hacer frente. Te imputan un interés individual. Es obvio.

–¡Hombre! Si te llevas cuatro kilos a la saca en una operación hecha en pantalón corto y camiseta de defensa central, y la rematas con traje de anuncio publicitario, no tiene sentido que cuestiones dónde está el conflicto de intereses. Aparente, real o potencial parece concurrir las tres condiciones deontológicas, o incompatibilidad que llaman en Derecho Administrativo, sobre todo el conflicto moral que has generado.

La segunda explicación a Piqué sería disertar sobre esa moral. Juanma Castaño no lo hizo tan extensivo, evitó a Sócrates, Kant o Nietzsche. A Piqué por alto no le pasan una, pero los caños entre piernas los lleva mal.

Los espectadores, que eso somos del negocio del fútbol, nos quedamos con la moral más básica, la del Alcoyano de toda la vida. Ya les vale.

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