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Eduardo Ciordia

Rearme comunitario

El ecofeminismo de Yayo Herrero, con la Asturias alternativa

"Hay una tristeza social enorme que podemos revertir haciendo cosas juntos, las claves son el rearme comunitario, la unión, el reparto y la corresponsabilidad". Muchas personas en la sala asienten con una sonrisa. Han venido a escuchar a la antropóloga y profesora Yayo Herrero (Madrid, 1965) al pequeño pueblo asturiano de Lugo de Llanera con motivo de la presentación de una nueva comunidad energética en la que confluyen jóvenes proyectos alternativos como el cohousing Axuntase, los huertos colectivos de EcoPruvia y la cooperativa AsturEnerxía.

El grupo de pioneros reunidos en la Casa de Cultura parece aliviarse con el mensaje de una de las investigadoras más influyentes del ecofeminismo europeo. Durante casi una hora han seguido su contundente análisis sobre la crisis ecológica, sobre cómo se deshace la vida y no movemos un dedo, sobre la economía productiva que funciona como si no dependiera de la naturaleza, sobre la población mundial que llegará este año a los ocho mil millones y más de la mitad dependerá de la energía fósil. "Esto, tal como está montado, no da para más".

Herrero lo llama "la guerra contra la vida". Menciona como referencia el libro "El otoño de la civilización" del periodista Juan Bordera y el científico Antonio Turiel, recién publicado. En el prólogo, ella denuncia que se está acelerando el desplazamiento de poblaciones campesinas y la formación de un proletariado sin tierra, para mucha gente el acceso a la vivienda, la energía o el agua es una pesadilla y se agudizan la explotación y la semiesclavitud.

La investigadora lo explica sin contemplaciones y en el público nadie parece sorprenderse. "Si la prioridad son las condiciones de vida dignas, los principios ineludibles deben ser aprender a vivir con lo suficiente, el reparto de riqueza y el cuidado como palanca de la política. Si no lo hacemos, gobernará el mercado, a golpe de miedo y amenaza de escasez. Y al mercado, las condiciones de vida de la gente no le importan nada".

Toca movernos, dice, entre la consciencia de la realidad y la activación de la imaginación que proyecte horizontes viables y deseados. Propone hacer un ejercicio de amargura porque no se puede salir del pozo si no sabemos que estamos metidos en él, "los servicios sociales están al límite, se levantan vallas invisibles por la precariedad, el empleo o la vivienda, es un pozo donde todo necesita ser sacrificado para que la economía crezca".

La antropóloga se muestra defensora del miedo porque nos ha permitido generar condiciones de seguridad, crear el movimiento obrero, el feminista y muchos otros. El miedo paraliza solo cuando no se sabe hacia donde ir.

En su relato mantiene la esperanza. "En todo el mundo veo cómo la sociedad civil, en determinadas circunstancias, es capaz de articularse en muy poco tiempo. Esos brotes comunitarios, como las cooperativas que hoy se están poniendo en marcha en Asturias y en otras regiones, disuelven las individualidades, hacen a las personas conscientes de su capacidad para tejer grupo y pertenencia".

Yayo habla finalmente del poder del amor y de los cuidados como la radical consciencia para hacernos cargo los unos de los otros, "somos seres necesitados, nacemos vulnerables e indefensos, la dependencia no es una tara y una vida nacida es una posibilidad que necesita un entorno adecuado para vivir con dignidad y alegría".

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