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Juan Soto Ivars

Sabina no se toca

La campaña de desprestigio contra el cantante

Vuestra ratera campaña de desprestigio contra Joaquín Sabina dice más de vosotros que de él. Tranquilos: se os entiende todo. Sabina es un artista que instaló sus canciones en el sistema nervioso de España. Decidme uno solo de vosotros que haya pulsado un nervio sin estomagar. A él le salían himnos inmortales de las servilletas de bar, y a vosotros os salen plañidos desconsolados cuando queréis parecer amenazantes.

¡Qué intento ridículo el de hacer sombra sin levantar un palmo del suelo! Se intenta, siempre, en modo "castell", unos encima de otros, como en aquella serie de zombis, pero el apelotonamiento de gruñidos no sirve para componer endecasílabos. Hasta el Joaquín Sabina más borracho y ronco, hasta el más enfarlopado y arrastrado y resacoso y malfollado y abatido, hasta el Joaquín Sabina cortocircuitado en pleno ictus levanta la sintaxis por encima de vuestras gorras de plato polvorientas.

¿Qué ha dicho ahora, a ver? ¿A qué se debe tanto lapo en la cara de un artista? Pues ha dicho, ya ves tú, que no es tan de izquierdas como se creía cuando era más joven. Bien: ese hombre algo desencantado a los 73 ha hecho más por los derechos de los gays, las mujeres y los trabajadores, por el amor propio de cualquier desharrapado que todas vuestras falacias con arroba.

Diría yo, además, que se ha movido menos Sabina que esos trenes que iban hacia el norte. La izquierda ha corrido por trochas que nadie le había pedido que pisara. ¿Quién está contento con vigilantes que asumen lo pazguato y acobardado, la disciplina y autoexamen moral como el último grito en herramienta revolucionaria? Chiquitos, que levantáis monasterios en los bares y centros de adoctrinamiento en las bibliotecas expurgadas, y todavía queréis que un rojo septuagenario con los cojones de bronce hable al dedillo con vuestra máquina de karaoke moral. Flipáis.

Mirad: hay fachas que os llevan ventaja disfrutando la cultura popular. Ellos, por lo que la cultura ha sido en España, aprendieron a gozar de artistas rojos sin sentirse envenenados. Conozco tantos que llamarías fachas y lo flipan con los Suaves, con Silvio, con Extremoduro y con Sabina, con Rosendo, con las de Almodóvar, que un día tendréis que mirar vuestras tachaduras y veréis que en vez de militancia os hacía falta transigencia. El último gramo de farla que se clavó Sabina era menos tóxico que vuestra manía persecutoria.

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