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“Nos alcuentros”, el mercado de Colunga que vende compañerismo

“Hay gente que acortó su puesto para que pudiéramos entrar más”, dicen los artesanos en la exitosa jornada final del evento

Por la izquierda, Virginia Fariña e Inés Castro, ayer, en Colunga. | I.G.

Por la izquierda, Virginia Fariña e Inés Castro, ayer, en Colunga. | I.G.

El nombre del mercado está puesto a medida de lo que sucede en su interior. Se llama “Nos alcuentros”. En castellano, “en los encuentros”. Año tras año, Colunga lo acoge gracias al esfuerzo de la asociación que lleva su mismo nombre. Y es lo primero que se veía ayer al entrar a la villa, vestida de gala. “Cuando surgió, había una empresa que lo llevaba que siempre llamaba a los mismos artesanos. Entonces, en los veranos funcionábamos como una familia y nos reuníamos cada fin de semana. Luego eso se perdió. Y cuando nosotros lo cogimos, quisimos recuperar eso que se había perdido, que era su esencia: el compañerismo”, cuenta Cristina Muniello, la tesorera de la asociación. Va vestida como los artesanos de antaño, que es la indumentaria “obligada”: falda de un color sobrio, mandil, blusa blanca y alpargatas de esparto. Para hombres, pantalón de mahón, camisa blanca, chaleco de forma opcional y también alpargatas de calzado.

Son encuentros entre artesanos, con lo tradicional, con el público y con su propio pueblo. Son también entre amigos, como Virginia Fariña, que es de Villaviciosa y va a ver a su amiga Inés Castro, que vende embutidos procedentes de Nava. Se conocieron porque tenían personas en común hará dos o tres años y, desde entonces, cada vez que tiene ocasión la va a visitar a la feria. “Yo vine por la comida y a ver a Inés”, afirma Rodrigo Artidiello, que es el hijo de Virginia. “Es que le encanta la cecina”, dice sonriente su madre. Ayer tuvo la ocasión perfecta.

Pero los puestos no son solo de comida, sino que allí hay de todo. Colocados en hilera, los vecinos de Colunga y los turistas los ojean ininterrumpidamente. Siempre hay algo que les llama la atención: pendientes y collares, olorosos jabones, todo tipo de quesos, embutidos, chacinería o productos de panadería. Un compendio de cosas que se mantienen la tradición asturiana y que los que organizan el mercado de los “Alcuentros” se han empeñado en mantener. “El compañerismo siempre está presente. Tenemos gente que se han ofrecido a quitar metros de sus puestos para que podamos entrar más”, afirma Muniellos. Y, para llamar la atención del lugar, unas banderillas de colores se balancean con la leve brisa y adornan la plaza de Colunga.

Hay una cosa que llama más la atención que el resto. Es justo a la entrada, donde la gente se aglutina, en forma de semicírculo en torno a una persona. Es la periodista Sonia Fidalgo, a la que le han dado un premio por su papel en la difusión cultural. Está ilusionada, muchísima gente de Colunga lo percibe y sale también a su encuentro.

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