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Fernando Granda

Barru, la fiesta de prau del verano

El turismo, parece que creen, nace por generación espontánea. Los visitantes vienen porque les queremos y tienen lo que quieren a placer. Pero la realidad es bastante distinta. Y si Asturias pretende un futuro basado en su potencial turístico lo ha de trabajar. Y digo Asturias porque deben contribuir a su desarrollo las instituciones públicas y la iniciativa privada. Con generosidad e ideas.

El pasado fin de semana se celebró en Barru la tradicional Quema de las Bruxas en el marco de la fiesta de San Roque. Lleno de brujas y público en la verbena y muy abundante el número de llaniscas y porruanos acompañando al santo peregrino. Una procesión por un tramo del Camino de Santiago bordeando la Ensenada de Barro, una ría que representa la imagen del Principado en las mejores guías y escaparates turísticos del mundo.

Pero Barru ya no puede más. Las playas llenas y la fiesta de San Roque con la Quema de las Bruxas estuvieron a rebosar. Sin embargo, siendo el mayor imán turístico de Llanes, la joya del Oriente, ni servicio de policía ni servicio sanitario. Las urgencias, para el Consistorio de Llanes, no pasan el Borizu. Centenares de asistentes, bastante más del millar de personas en la verbena brujista y ni asomo de mantenimiento segurosanitario ni en el recinto ni alrededor, coches por las cunetas, xareu a raudales pero ni un servicio de mantenimiento.

Un pueblo con solo un centenar de censados consigue celebrar una fiesta que supera cualquier otra en éxito de público del Guadamía al Cares. Y todo gracias a cuatro muchachos que sin ánimo de lucro se esfuerzan por mantener una tradición centenaria y un original festejo que no recibe apoyo institucional, ni del municipio ni del ente autonómico. Solamente se ocupan de Barru para presumir.

Cuando hace unas décadas publicaba un reportaje señalando el centenar de fiestas que se celebraban entre San Pelayo y el Rosario, de junio a octubre, contaba la gran asistencia de romeros a los praos de Llanes y Ribadedeva. Las romerías fueron cayendo y parecía que solamente se informaba de magdalenas, santiagos, sanroques y guías o de los festivales musicales, las de los pueblos grandes con evidente olvido de la mayoría de las más de treinta parroquias de ambos municipios. Pero algunos de estos festejos no solamente permanecen sino que se robustecen a pesar de las dificultades que soportan para sobrevivir. El de Barru es uno de ellos. Y es que si el paisaje es magnífico, pueblo, playa, ría, iglesia, el festejo es único, curioso, distinto. Acuden autobuses de Oviedo, Gijón, las Cuencas. Claro que la tradición no es eterna, quienes la conservan envejecen, se les va haciendo de lado ("esti ya no é nuestru Barru", decía una barrucana que ronda los 90 años). Solamente "cuatro" jóvenes mantienen la fuerza suficiente para que la fiesta no decaiga, la tradición evolucione pero no desaparezca y que Barru, con su santo peregrino, no sea solamente un pequeño tramo del Camino de Santiago.

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