01 de diciembre de 2011
01.12.2011
sin gaita ni tambor

La crisis afuega´l pitu

Cierra La Figar, única quesería industrial de La Foz de Morcín l Gaspar García Laviana será recordado por su fundación en el Auditorio l El centenario del nacimiento de Falo Moro, autor de «Campanines de mi aldea» y los himnos del Real Oviedo y el Sporting, se cumple en el olvido

01.12.2011 | 01:00

Dicen los expertos que la crisis se está dejando realmente sentir desde agosto para acá y lo que nos espera para 2012. Comienza a ser una rara avis la empresa que no ha disminuido la plantilla de trabajadores, pertenezca al sector que pertenezca. Sólo un crecimiento del 2 por ciento de nuestra economía supondría parar la destrucción de empleo y activar su creación. Unos empresarios del sector servicios, comercio y hostelería, con más de treinta años de presencia en Oviedo, me comentan que precisamente hasta agosto habían logrado capear la situación, pero desde entonces a hoy han tenido que reducir puestos de trabajo en sus comercios de calzado y en sus cafeterías, ante la imposibilidad de aguantar el tipo como hasta ahora venían haciéndolo.


Y es en este contexto de crisis cuando me llega la noticia, de la que me informa su propietario, el empresario Jaime Fernández, del cierre de la fábrica de queso afuega'l pitu La Figar, que puso en marcha hace unos años junto con su socio, el químico y director de la planta Jesús Menéndez, en La Foz de Morcín, siendo la primera instalación industrial que allí se puso para la producción de tan popular queso en sus distintas variedades. Jaime Fernández fue precisamente junto con otros vecinos los que en 1981 echaron a andar el certamen del queso afuega'l pitu, en La Foz de Morcín, desarrollando un proyecto de investigación en colaboración con el Instituto de Productos Lácteos de Asturias para resolver el histórico problema de la conservación y el transporte de este famoso queso que Jaime Fernández vio hacer de niño en su concejo natal antes de ser emigrante en Suiza.


La caída de las ventas y la dificultad de cobro han llevado a que oficialmente el último día de año la quesería La Figar eche la persiana ante la imposibilidad de salir de los números rojos que llevaba acumulando en los últimos meses. El socio y director del proyecto, Jesús Menéndez, auténtico maestro en la elaboración industrial del producto, ha encontrado por fortuna acomodo en una empresa sita en el polígono de Argame, y el empresario Jaime Fernández está llevando a cabo un cierre ordenado de la quesería, que contaba con dos operarios y unas instalaciones para la elaboración del afuega'l pitu verdaderamente modélicas, situadas en el centro del pueblo, alcanzando una producción de 18.000 kilos al año.


La quesería La Figar nació allá por 2003 cuando Jaime Fernández y Jesús Menéndez comenzaron a dar forma al proyecto tras ganar un concurso sobre la puesta en marcha de una quesería. Estos emprendedores, que lograron el reconocimiento de la calidad de su queso, incluido el de la Cofradía de Amigos de los Quesos del Principado, fueron más allá de la propia producción y diseñaron para las porciones del apetitoso manjar el primer envase con atmósfera modificada que asegura la conservación de la pieza, por lo que podían acceder a nuevos mercados lejanos del tradicional de Asturias. La quesería, desde el año 2005 cuando comenzó a funcionar, elaboraba tres tipos de queso: la crema de queso fresco kéfir, el queso de pasta blanda enmohecida con kéfir y el queso curado artesano con kéfir, habiendo llegado estos productos a ser degustados en el restaurante El Bulli, además de venderse en las tiendas de National Geographic en Londres.


Para la economía local de La Foz, meca del queso afuega'l pitu, el cierre de la quesería La Figar supone un duro palo, mientras, por otra parte, el non nato museo de la leche espera en vano desde hace meses su inauguración, y el edificio, construido en los antiguos cargaderos del pozo Montsacro, se deteriora cada vez más en pleno abandono.


El próximo día 15, la Fundación Padre Gaspar García Laviana celebrará su gala anual en el auditorio Príncipe Felipe, con el objetivo de reunir a los amigos y colaboradores y también para recaudar fondos que ayuden a continuar con los proyectos sociales que están desarrollando en Hispanoamérica. Esta fundación fue creada por el empresario allerano afincado en Barcelona Franco Rodríguez, quien fue compañero de estudios de Gaspar García Laviana en el Seminario. El padre Gaspar García Laviana, nacido en Roces (El Entrego) en 1941, sin dejar de ser misionero se convirtió en el comandante Martín con el Frente Sandinista en Nicaragua y murió en una emboscada el 11 de diciembre de 1978.


La fundación está presidida por el periodista ovetense Ramón Sánchez-Ocaña, y en la gala prevista para mediados de mes en el Auditorio actuarán varias agrupaciones musicales, como la Orquesta Langreana de Plectro, el Coro Santiaguín, la soprano Beatriz Díaz, la cantante Susana, etcétera. La Fundación Gaspar García Laviana entre sus actuaciones en Nicaragua ya ha llevado a cabo un comedor escolar para cien niños, fomentando la escolarización de los mismos en un país cuyo nivel de vida es muy bajo. Franco Rodríguez, propietario del restaurante La Pomarada, en el centro de Barcelona, es también el creador de los premios «Dionisio de la Huerta», que van ya para la cuarta edición.


Este año que se acaba se ha cumplido el centenario del nacimiento del gran compositor sierense, que nació el año 1911 en la Pola, en el seno de una familia con 16 hijos. Rafael Moro Collar, a quien todos conocimos como Falo Moro, fue una figura de la música nunca lo suficientemente valorada en Asturias, y que sólo por haber sido el compositor de «Campanines de mi aldea» merece estar en lo más alto del muestrario artístico de esta Asturias en muchas ocasiones desagradecida. Falo Moro fue un compositor prolífico y una gran persona, al que tuve el honor de entrevistar en alguna ocasión. Sus últimos años de vida los pasó con apreturas, subsistiendo con las pequeñas cantidades que recibía de la Sociedad General de Autores por los derechos de reproducción de los himnos del Real Oviedo y del Sporting, de los que era autor. Ignorado por las instituciones y los nefastos puristas que proliferan en esta comunidad, Falo Moro murió sin haber visto interpretar el himno que compuso para el Descenso del Sella en el arranque de la gran fiesta de Asturias. El tenor poleso Juan Noval-Moro, sobrino suyo, me emocionó el otro día cuando en una comida que tuvimos con Teodoro López-Cuesta, con motivo de su 90.º cumpleaños, interpretó a capela la canción preferida del ex rector, «Campanines de mi aldea», compuesta por su tío. Ahora que se nos va 2011 y con él el centenario del nacimiento de Falo Moro, qué mejor que un acto de homenaje en su honor. Para muchos ha sido el compositor más grande que tuvo la música asturiana. Falo Moro, como digo, falleció prácticamente en el olvido, a los 85 años, en Pola de Siero, en el año 1996, dejando tras de sí más de mil quinientas composiciones musicales, muchas de las cuales se han incorporado al acervo popular, algunas de ellas realizadas junto a su buen amigo el escritor y radiofonista León Delestal.

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