17 de junio de 2012
17.06.2012
Crítica / Música

Quadrophenia carbayona

El maestro Conti ofició una gran celebración de la ópera italiana, con un resultado musical mejorable

17.06.2012 | 02:00

Seis coros seis para una fiesta de ópera italiana en el Auditorio de Oviedo, con la orquesta Oviedo Filarmonía y el maestro Marzio Conti a los mandos de la nave musical. El concierto, denominado participativo, ya que los cantantes se incrustan entre el público, fue un éxito porque Rossini, Verdi o Puccini gustan hasta la locura en Oviedo, porque Conti lo había preparado a conciencia, porque la orquesta y lo coros eran buenos y porque el público evidentemente tenía muchas ganas de pasarlo bien.


La disposición de los coros por voces, en el patio de butacas, a un lado y otro; lo mismo en el anfiteatro y en el escenario, junto a la orquesta, recordó los intentos de sonido total de aquella Quadrophenia -va para 40 años- también con ópera si bien en el registro rock aunque de los mod británicos y sus scooter de los sesenta a los cantantes asturianos y sus partituras en el Auditorio carbayón no sea fácil tender puentes. La iniciativa es socialmente alabable pero el resultado musical habrá que mejorarlo en conciertos sucesivos porque según la localidad se oía lo que se oía y con frecuencia solo en monoaural lo que a estas alturas no es de recibo.


Conti y los suyos no ahorraron rubatos, glisandos, microtonos, filados y hasta amagos de coloratura en el rossiniano coro de aldeanos de «Guillermo Tell» pero, sobre todo, mucha energía y convicción porque si el respetable percibía a los cantantes como al vecino de la butaca de al lado -así era efectivamente- los coristas captaron desde los primeros compases esa complicidad multiplicada por doscientas gargantas en el sonido vocal y por dos mil corazones en los sentimientos de un público encendido.


El «Va pensiero» de «Nabucco» de Verdi, en el programa y después en la propina, arrancó algunas lágrimas de unos y otros, las oberturas e intermedios, sobre todo de «Cavalleria rusticana», de Mascagni y «I vespri siciliani», de Verdi llenaron de honda música la sala. La marcha triunfal de la «Aida» de Verdi, con una espléndida sonoridad, cerró la velada de la mejor manera, como homenaje de los músicos a un público que en buena medida fue protagonista. Conti gana en el universo musical y arrasa en la esfera social.

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