El ladrido que salva una vida
Diez perros de rescate con sus guías participaron ayer en
el Naranco en una prueba para conseguir la homologación

A la izquierda, se inicia la búsqueda. Arriba, Pablo Calvo y «Negrito». A la derecha, Wenceslao Fernández, con «Blank», junto al rescatado. | luisma murias
Á. FIDALGO
«Negrito» era un chucho callejero que cuando tenía unos cuatro meses fue rescatado, medio moribundo, de una cuneta. Fruto del cruce de no se sabe cuántas razas, ayer se convirtió, en la falda del Naranco, en el único perro mestizo que aspiraba a convertirse junto a otros canes de grandes razas en todo un perro de salvamento de la Unidad Canina de Rescate del Principado de Asturias.

El ladrido que salva una vida
Su dueño y guía, Pablo Calvo, no podía disimular su orgullo. Junto a «Negrito» había perros de razas tan emblemáticas en las tareas de rescate como un pastor belga malinois, un schnauzer gigante y un pastor vasco. «Pero cuando se trata de encontrar a una persona perdida o enterrada tras una catástrofe la raza no lo es todo, y esto es lo que quiero demostrar con mi perro, al que pronto vi cualidades para realizar estas tareas», explicó Pablo Calvo al tiempo que se internaba en un castañal cercano a Brañes.
En este bosque diez equipos de Asturias, La Rioja y Pontevedra participan en las pruebas que concluirán hoy en Olloniego para conseguir la certificación que los habilitará para trabajar durante dos años en búsquedas y salvamentos. La mitad de ellos es del Principado.

El ladrido que salva una vida
Eugenio García, el director de esta prueba de homologación para equipos del Perro de Salvamento de la Asociación Nacional, no dudó en asegurar «la eficacia demostrada de los perros en las tareas de búsqueda, de las que en Asturias se realizan entre treinta y cuarenta al año».
Ayer, a las diez de la mañana, entre Ules y Brañes comenzaron la prueba de la especialidad de búsqueda en el monte o grandes áreas dividida en dos grados. En el «A» el equipo formado por el perro y su guía debía localizar una supuesta víctima que se encontraba perdida en una superficie de unos 12.000 metros cuadrados en sólo veinte minutos. En el grado «B» fueron dos las víctimas que había que encontrar sobre una zona de unos 20.000 metros cuadrados en el mismo período de tiempo.
«Cuando el perro localiza a la víctima debe dar un ladrido que se oiga bien o, de lo contrario, puede recurrir a la modalidad de bringsel, que no es otra que el perro lleva colgado un pequeño chaleco con un testigo en su interior que saca cuando localiza a la víctima y se lo entrega a su guía, para acompañarlo a lugar donde la encontró», explicó Eugenio García.
Una de las singularidades y de la grandeza de los guías y de sus perros de la Unidad Canina de Rescate del Principado de Asturias es que son voluntarios. En Oviedo hay cinco voluntarios: Juan Ramón Langa, Jesús Gómez, Wenceslao Fernández, Eugenio García y Henar García.
«Es sacrificado, pero enormemente gratificante», señaló esta última, que desde hace diez años viene colaborando con esta unidad, al tiempo que Eugenio García insistía en que «los perros son más efectivos que las personas porque rastrean más en menos tiempo».
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