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Crítica / Música

Bach con sabor oriental

Bach con sabor oriental

Contar con el Bach Collegium Japan en la programación de los Conciertos del Auditorio viene a señalar el interés que por la música barroca ha ido creciendo en nuestra ciudad en los últimos años. Sirvan como ejemplo el trabajo realizado por los hermanos Zapico o la programación del ciclo de conciertos, Primavera Barroca, que podremos disfrutar a partir del mes de abril.

Tres cantatas, la BWV 72, la BWV 125, la BWV 200 y la "Misa luterana en sol mayor" BWV 236, sirvieron para mostrar el mejor barroco del conjunto que dirige M. Suzuki y algunos de los secretos que lo han convertido en un referente a nivel internacional en este repertorio.

La teoría barroca del contraste construye, en otras interpretaciones muy válidas, una dinámica por bloques sonoros muy efectista y colorista. A esta idea, M. Suzuki le suma un uso muy inteligente del retardando que le permite obtener resultados de gran expresividad, como quedó patente sobre el verso "Der Tod ist meine Schlaf geworden" (La muerte será mi sueño), en el coro inicial de la "Cantata BWV 125". He aquí otro de los aciertos de esta agrupación: la construcción de las partes corales sobre un respeto minucioso a la articulación del texto en la emisión del sonido, lo que favorece, no solo la transparencia de cada sílaba, de cada palabra y frase, sino un discurso sonoro compacto, de emisión clara, color penetrante y registro bien definido.

Integrados formando parte del coro, los cuatro solistas dieron muestras de su exitosa trayectoria en el mundo de la música antigua. Aún resuena en nuestros oídos la proyección vocal, de potente agudo, de la soprano Joanne Lunn en "Mein Jesus will es tun?.." (Mi Jesús quiero hacerlo, quiero aligerar tu cruz), o las esperadas intervenciones del bajo Peter Kooij -para muchos el mejor entre los especializados en Bach-, voz de color envolvente y de gran facilidad en la agilidades que siempre ha realizado con pulcra minuciosidad y, que una vez más, venció sin dificultades en el "Gratias agimus tibi" de la "Misa luterana en sol mayor" BWV 236. El tenor Gerd Türk se manifestó como el contraste ideal en el dúo para tenor y bajo "Ein unbergreiflich" de la "Cantata Mit Fried und ich fahr dahin" BWV 125 (En paz y alegría me iré).

Su posterior intervención en el "Quonian tu solus sanctus" de la "Misa Luterana en sol mayor" mostró una concepción depuradísima de la línea del canto. Capítulo aparte merece destacarse el papel del contratenor sudafricano C. van der Linde, de voz potente y sin fisuras en el registro, que asumió el protagonismo en la cantata para alto solo "Bekemen will ich seinen Nemen" BWV 200, con M. Suzuki al órgano. Su trabajo fue más que aplaudido, celebrado con bravos por el público que reconocía así sus brillantes intervenciones en las cuatro obras.

Un concierto que solo dejó una nota disonante: el entusiasmo del aplauso del público, que hizo saludar hasta cinco veces a solistas y director, no fue contestado con una propina por parte de los artistas. Una pena.

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