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DAVID ÁLVAREZ | Biólogo y coautor del documental "Los últimos dragones de Oviedo"

"Las salamandras de las Pelayas tienen diferencias genéticas por ser de clausura"

"Las hermanas nos dieron permiso para entrar a estudiar los animales por la noche y el deán nos dejó hacerlo en la Catedral"

David Álvarez, en el tránsito de Santa Bárbara.

David Álvarez, en el tránsito de Santa Bárbara. CRISTIAN VÁZQUEZ

David Álvarez (Oviedo, 1967) es capaz de distinguir una salamandra del Campo San Francisco de otra que proceda del monasterio de las Pelayas o del tránsito de Santa Bárbara. Este biólogo, investigador y consultor ambiental explica en 25 minutos las peculiaridades de cada una, su origen y el halo de leyenda y misterio que las envuelve. Lo hace de manera sencilla en "Los últimos dragones de Oviedo", el documental que ha dirigido junto al realizador Jorge Chachero con la subvención del Ayuntamiento y que hoy ambos presentan en el teatro Filarmónica, a las 20 horas. La cinta es, en realidad, la guinda a un trabajo científico que demuestra las diferencias genéticas que hay entre estos animales de la misma especie en la ciudad.

-¿Por qué decidió hacer un estudio sobre las salamandras de Oviedo?

-Un día, al salir de la Facultad de Biología, me di cuenta de que había salamandras en el aparcamiento del Cristo y pensé que sería muy fácil estudiarlas por su accesibilidad ya que no sólo estaban ahí, sino en muchas zonas de Oviedo. Es más, me vinieron a la cabeza imágenes de mi infancia tras una salamandra. Empecé a marcarlas con microchips para hacer un seguimiento y contacté con la Universidad de Oporto para desarrollar un trabajo científico que analizase la evolución genética de estos animales. El resultado fue increíble.

-¿Cuál fue ese resultado?

-Comprobamos que eran distintas según sus áreas de localización dentro de la misma ciudad. Las diferencias no se ven a simple vista, pero están en sus genes pese a pertenecer a la misma subespecie de anfibio.

-Ponga un ejemplo.

-Para una salamandra, una carretera es parecida a un río de lava. Procura evitarla y se queda en una zona determinada al sentirse segura y resguardada. Las murallas de la ciudad son un buen ejemplo. Las salamandras se quedaron dentro, atrapadas en islas urbanas. Por ejemplo, las que entraron en el monasterio de San Pelayo allá por el siglo VIII no salieron más.

-Pero ¿no trepan?

-Uno tiende a pensar eso. No son muy ágiles, pero al trepar lo lógico es que se hubiesen marchado de allí. Sin embargo, los estudios científicos demuestran lo contrario. Las salamandras de las Pelayas tienen diferencias genéticas por ser de clausura. Son distintas de las demás. Sin ir más lejos, de las que hay en el cementerio de los peregrinos de la Catedral o en el tránsito de Santa Bárbara. Las de este templo también cambiaron con el tiempo. En 1934 las bombas volaron parte de la Catedral y las salamandras salieron al exterior y se comunicaron con otras. Después, al arreglar los desperfectos, volvieron a aislarse, pero evolucionaron.

-¿Cómo son externamente las salamandras de Oviedo?

-Tienen rayas amarillas y negras en lugar de las manchitas comunes y viven unos veinte años. Pertenecen a la subespecie "bernardezi", que es el nombre que se les dio en honor del biólogo José Bernárdez, que las descubrió en la antigua estación del Vasco en 1928. Envió a Alemania varios ejemplares y allí los describieron como una subespecie desconocida hasta entonces. No sólo viven aquí, las hay en parte de la cornisa cantábrica, y evolutivamente hablando son la leche, porque su proceso reproductivo es muy especial.

-¿Por qué?

-La mayoría de las salamandras paren larvas en el agua. Las de Oviedo y otras que hay en las islas Cíes retienen las crías dentro de su cuerpo de manera que, al parir, las crías están mucho más desarrolladas y caminan solas y comen de forma independiente. Es muy original y probablemente sea producto de la adaptación al medio. Es decir, a una zona urbana o un terreno donde el agua está más lejos de lo habitual.

-¿Contó todo esto en el Ayuntamiento para solicitar la subvención del documental?

-Claro. Aprobaron el presupuesto en comisión y nos dieron 9.960 euros para hacerlo con cargo a los presupuestos de 2015. Grabamos durante 17 jornadas a lo largo de cinco meses y tuvimos nuestros contratiempos, pero en líneas generales se nos abrieron todas las puertas desde el principio. Las hermanas del convento de las Pelayas nos dieron permiso para entrar a estudiar los animales por la noche y el deán nos dejó hacerlo en la Catedral.

-¿Qué problemas hubo?

-El tiempo nos cambió los planes. Queríamos empezar a grabar en otoño porque llueve y las salamandras salen con el agua. Pues no cayó ni una gota. Así que recogimos algunas para usarlas como "actrices" en algunas localizaciones. Otra que cogimos preñada para grabar su parto porque tenía el vientre muy abultado tardó seis meses en hacerlo. Al final lo conseguimos, pero tuvimos que tener paciencia. Eso sí, devolvemos todos los animales a su lugar.

-¿Qué medios técnicos usaron para el documental?

-Utilizamos drones para filmación aérea, macrofotografía, fotografía subacuática, "time lapse"... Un montón.

-¿Dónde se podrá ver el documental?

-El objetivo es que tenga un uso educativo y se proyecte en colegios, institutos y la Universidad. La cinta contribuye además a desmitificar las salamandras, que siempre han estado rodeadas de leyenda. Que si su veneno es mortal (mentira), que si el Ejército de Alejandro Magno murió por su culpa... Y no. Son unas vecinas de Oviedo entrañables.

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