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JOSÉ MARÍA MERINO | Académico y escritor, da una conferencia en la Cátedra Emilio Alarcos

"El nacionalismo catalán es un esperpento, algo muy español"

"En Emilio Alarcos se conjugaban la seriedad intelectual y la inteligencia con la vitalidad, la cordialidad y el humor"

El escritor José María Merino.

El escritor José María Merino. ARCHIVO DE JOSÉ MARÍA MERINO / RAMÓN CELA

José María Merino llega hoy a la Cátedra Emilio Alarcos Llorach y lo hace como un aventurero de la literatura. Pronunciará su conferencia a las ocho de la tarde en el Aula Magna del edificio histórico de la Universidad y será presentado por el profesor de Filología Española de la Universidad de Oviedo Ulpiano Lada y, como siempre, el acto estará abierto al público. En esta entrevista, desde su domicilio madrileño, adelanta algunas de las ideas que planteará en la sesión de esta tarde.

- A usted personalmente, ¿qué le resulta una mayor aventura, adentrarse en la lectura de un libro o en la creación de un poema o un relato?

-Son aventuras diferentes: la de leer, desde que empecé a hacerlo, me ayudó a entender mejor la realidad, que cada día que pasa considero más inverosímil... La de escribir permitió que me fuese conociendo mejor a mí mismo. Pero ambas son aventuras por lo que tienen de extrañeza, de azar.

- Acaba de publicar "Aventuras e invenciones del profesor Souto", con los relatos sobre uno de sus personajes más célebres, ¿su alter ego?

-La lectura, cuando todavía era casi adolescente, de "Niebla", de Unamuno, me cambió la vida: siento desde entonces la ficción como una forma sustantiva de pensamiento. No sé si Souto es mi "alter ego", pero sí que está "al otro lado" y que en él hay comportamientos y formas de pensar que tal vez no me atrevería a tener en "éste".

- ¿Dónde reside la fuerza de los cuentos y los relatos breves? ¿Qué los hace atractivos para un escritor como usted?

-El relato breve está en los inicios de la ficción, es decir, en el meollo de nuestro pensamiento simbólico -pienso en las fábulas, por ejemplo-... Precisamente yo he hecho una versión en español actual de "Calila y Dimna". La fuerza del cuento está en su condensación, en su concentración expresiva: en muy poco espacio hay que mover una historia capaz de enganchar a quien la lea. Para mí no es un género inferior a la novela, aunque no goce de preferencia lectora...

- Usted ejerce de leonés , ¿cómo se entiende desde ahí el nacionalismo catalán?

-Me siento leonés y también de lo que llamo "el Noroeste", pero después de tantos años Madrid me ha enseñado muchas cosas... Soy de mi tierra, pero me encanta la diversidad humana, física y cultural española. Desde todas esas perspectivas, España es un lugar privilegiado del planeta. El nacionalismo catalán parte de una actitud en la que hay una estúpida idea de superioridad y mucho menosprecio por el resto de este país, pero es algo también muy español: un esperpento.

- ¿Los jóvenes seguirán leyendo?, ¿el audiovisual conseguirá desplazar la narración escrita?

-Hay una falta de conciencia pública en el asunto, y una carencia del apoyo necesario al sistema educativo. La palabra escrita en papel, desde la invención de la imprenta, ha sido el motor de todos los cambios importantes en la historia de la humanidad, y la base de un pensamiento mínimamente complejo. No tiene por qué ser desplazada por el mundo cibernético, puede coexistir con él perfectamente. Un uso banal de eso que llamamos "las nuevas tecnologías" puede resultar un lavado de cerebro que nos devuelva a una especie de feudalismo. ¿Pero no es más cómodo para los que manejan el asunto un mundo de gente alienada por los brevísimos mensajes instantáneos y los juegos de ordenador?

- Se cumplen veinte años de la muerte de Emilio Alarcos, ¿se siente su ausencia?

-Creo que Alarcos fue un precursor: cuando el mundo académico sólo estudiaba a los autores muertos, él tuvo el coraje de hacerlo con poetas como Blas de Otero o Ángel González... Y en la RAE (Real Academia Española) cuentan que era un académico verdaderamente ejemplar, cumplidor, que no faltaba ni un solo jueves, que trabajaba... ¿Cómo no echar de menos a alguien así?

- ¿Siguen vigentes las aportaciones lingüísticas de Alarcos?

-Sus trabajos siguen teniendo indudable frescura: no hay más que leer lo que he dicho sobre autores entonces vivos, o sobre el "Libro de Aleixandre", o sobre lingüística o gramática... No cabe duda de que creó escuela, y ahí tenemos al profesor Salvador Gutiérrez Ordóñez, uno de nuestros grandes lingüistas, para demostrarlo.

- Y de paso usted, que lo conoció, ¿qué recuerdo guarda de él a título más personal?

-Lo conocí muy poco, pero tuve esa suerte, y además a través de alguien para mí tan entrañable como Ricardo Gullón... Creo que en Emilio Alarcos se conjugaban la seriedad intelectual y la inteligencia con la vitalidad, la cordialidad y el humor. Una persona inolvidable en la experiencia de mi vida y la de algunos amigos, como Juan Pedro Aparicio y Luis Mateo Díez.

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