10 de enero de 2019
10.01.2019

Olalla: "Los jubilados no deben ser una clase pasiva"

"Al prolongarse la edad madura se generan unas potencialidades que tienen que ser aprovechadas", defiende el helenista

10.01.2019 | 01:12
Pedro Olalla, ayer, en la biblioteca de La Granja.

La sociedad es cada vez más longeva, pero eso no quiere decir que sea más vieja, decrépita o dependiente. Esta situación obliga a replantearse muchas cuestiones, tanto en lo individual como en lo colectivo. Es la tesis sobre la que se sustenta el último ensayo del helenista ovetense Pedro Olalla, "De senectute política. Carta sin respuesta a Cicerón". Olalla se plantea "si ese desafío de vivir bien los últimos años de la vida es también un desafío político y si nuestra sociedad está organizada para ello". No se trata de una vejez cómoda, de aumentar la esperanza de vida, sino que esa prolongación debe hacerse en la edad madura. En el libro "se analiza la vida en general desde la contemplación del hecho feliz de que nuestra sociedad es cada vez más longeva", explica el autor, que ayer presentó su obra en la biblioteca de La Granja.

Olalla entiende que "el reto de la longevidad abre muchos debates" y especialmente desde el punto de vista de que "cuando se alarga la esperanza de vida no se alarga necesariamente la etapa de la dependencia, sino la de la madurez". Ese mayor periodo en plenas facultades, según se afronte, "genera un potencial muy aprovechable desde el punto de vista social ya que tenemos a personas que no están en el mundo del trabajo pero que tienen mucho que ofrecer". Para el autor, "los jubilados no deben ser una clase pasiva o clientes de ocio para la tercera edad".

Todo esto "obligará a un replanteamiento de muchas cosas en la sociedad, como el sistema de pensiones, o la convicción de que el trabajo es la única vía de redistribución de la riqueza".

Es un reto que tiene mucho de ético, desde lo personal, y de político, en lo colectivo. "En lo personal requiere un cambio de patrones de pensamiento, un cuestionamiento de los prejuicios asociados al envejecimiento", y en lo colectivo aboca a un cambio en los modelos sociales.

Olalla plantea todas estas cuestiones desde la óptica de un monólogo dirigido a Cicerón. Utilizando sus postulados sobre la vejez, que el clásico trata desde el aspecto individual, el ovetense lo eleva a la categoría de conflicto colectivo, de reto que debe afrontar la sociedad. No es un libro sobre la vejez, sino sobre la edad madura, sobre cómo se está prolongando y sobre cómo aprovechar todo eso en lo personal y en lo común.

El autor propone "que no se marque la entrada en la vejez con una edad determinada", aunque recuerda que los clásicos ya lo fijaban en el noveno climatérico, es decir, los 63 años.

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