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Las parroquias de Oviedo San José de Pumarín

El milagro de "la pequeña Rusia" de Pumarín

La iglesia de San José fue un ejemplo de compromiso y trabajo parroquial

El milagro de "la pequeña Rusia" de Pumarín

El milagro de "la pequeña Rusia" de Pumarín

La parroquia de San José de Pumarín empezó a gestarse en los años cincuenta del pasado siglo con las entusiastas e innovadoras Misiones Generales. Lo hizo en unos locales próximos a la actual iglesia, que eran conocidos en el entonces barrio obrero como los de "la Química", porque antes los ocupaba una fábrica que para la época tenía un singular laboratorio. Estamos en los años cincuenta del pasado siglo.

Y sin ser aún parroquia, los vecinos más optimistas ya soñaban con tener en el futuro una iglesia. Se celebraban entonces hasta tres misas durante los domingos, lo que llamó la atención al Arzobispo de entonces, Francisco Javier Lauzurica y le hizo fijarse en esta entusiasta y también en cierto modo olvidada comunidad.

Fue entonces cuando se creó el centro misional de Pumarín, en un barrio que era fundamentalmente de gente obrera y que era conocido popularmente en Oviedo como "la pequeña Rusia". Era un barrio lleno de vida, entusiasmo y muy comprometido.

Este fue el embrión que hizo posible que en Pumarín se hiciera una parroquia con cimientos tan sólidos, a los que contribuyeron de forma decisiva con su incansable trabajo muchos de sus vecinos. Sin ellos hubiera sido muy difícil hacerla realidad.

Lo cierto es que entre mujeres y hombres arrimaron el hombro para levantar su templo, y lo hicieron animados por un incansable cura, Manuel Fernández Florez, que durante cuarenta años sería el párroco que aún se recuerda con cariño y agradecimiento por los más mayores. Una placa, en el interior de la iglesia también deja constancia de su paso.

La advocación de San José se debe a que los terrenos fueron cedidos por la hija de José María Fernández-Ladreda, que sólo puso una condición, que el templo se dedicara al santo de su padre.

A Manuel Fernández Florez lo sustituyó como párroco José María Lorenzo, y a este hace unos meses Hilario Valdés Villanueva, un cura joven y campechano que llegó con ganas de seguir haciendo parroquia, pero ahora en un barrio muy distinto sociológicamente a lo que era Pumarín.

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