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La violinista jamaicana Ellinor D’Melon enamora al Auditorio en el retorno de la OSPA

Un público inusual, con proliferación de personas mayores y muy jóvenes, responde entusiasmado a una orquesta dirigida con brío por Jaime Martín

Ellinor D’Melon, con falda blanca y negra, saluda al público que la ovaciona tras su concierto de ayer. | Julián Rus

La Orquesta Sinfónica del Principado (OSPA) retomó ayer los conciertos presenciales en el Auditorio Príncipe Felipe, donde cerró su programa “Seronda” con un concierto redondo que sirvió para que el público ovetense descubriese a una joven y talentosa violinista: la jamaicana Ellinor D’Melon. Esta solista invitada acudió a la llamada de la OSPA en sustitución de la inicialmente prevista Hilary Hahn, y lo cierto es que nadie añoró a la, por otro lado, soberbia violinista norteamericana. Porque lo del Auditorio con D’Melon fue un flechazo, amor al primer vibrato.

Lo cierto es que el público acudió al Príncipe Felipe con predisposición a pasárselo bien. Se palpaba en el ambiente, desde el mismo vestíbulo en el que se tomaban temperaturas y se aplicaba gel hidroalcohólico urbi et orbi. La afluencia era más que buena, sobre todo en plena competencia con la Ópera, que una hora antes del inicio del concierto había alzado el telón de la segunda función de “Fidelio”. Una consecuencia más de la compresión del calendario lírico a cuenta de las medidas para frenar el avance del covid-19.

Público en el Auditorio, instantes antes del inicio del concierto. | Julián Rus

Acaso por esta confluencia entre los dos espectáculos, la pirámide demográfica del respetable se había alterado notablemente: proliferaban las personas mayores y los espectadores jóvenes y muy jóvenes, y en cambio escaseaban los de mediana edad, el público usualmente más numeroso, y que posiblemente habían tenido que elegir entre ambos espectáculos. Sea como fuere, el saldo fue positivo, y la entrada fue buena dadas las circunstancias, mejor de hecho que la registrada en algunas funciones del inicio de la temporada.

Se percibía entusiasmo entre el público, y también en la orquesta. Ana Mateo, gerente de la OSPA, dejaba claro el sentir de la formación antes del concierto: “Nos hace mucha ilusión reencontrarnos de nuevo con nuestro público. Los conciertos en streaming de las semanas pasadas han sido una experiencia fantástica y nos han permitido llegar a distintas comunidades e incluso a distintos países. Sin embargo, nada puede competir con el calor del público en directo. Estamos acabando un año muy difícil para todos y desde la OSPA queremos enviar con nuestra un mensaje de esperanza”, afirmaba.

Ese mensaje lo transmitió una D’Melon soberbia, aplaudida a rabiar tras su brillante ejecución del Concierto para violín de Chaikovski, en una ovación a la que se unieron los músicos de la OSPA. En la segunda parte, la orquesta, muy motivada y concentrada, desplegó toda su magia interpretando la Quinta sinfonía de Sibelius bajo la briosa batuta de Jaime Martín, cómplice habitual de una formación que con él a los mandos suena siempre bien. En suma, fue una noche redonda para la OSPA, en su esperado reencuentro con el público ovetense.

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