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aurora maría garcía garcía | Directora de Cáritas Asturias

“Los verdaderos problemas de pobreza llegarán cuando acaben los ERTE y el paro”

“Hasta finales de 2020 atendimos a 2.175 familias que tuvieron que acudir por primera vez a Cáritas por el virus, pero la cifra crece a diario”

Aurora García, nueva directora de Cáritas Asturias.

Aurora García, nueva directora de Cáritas Asturias.

La trubieca Aurora María García García (1974) es desde hace poco más de dos semanas la nueva directora de Cáritas Asturias, un cargo que asume para sustituir a Ignacio Alonso Areces y para intentar hacer frente a una alarmante emergencia social “que aumenta día a día” a consecuencia de la crisis generada por el Coronavirus. Aurora María García –casada y con cuatro hijos– llevaba tiempo siendo directora de Cáritas Parroquial en Pravia, la localidad en la que reside, pero ahora ha dado el salto “a la Primera División” y el volumen de trabajo no tiene nada que ver. “Estoy aterrizando, pero la verdad es que la situación es muy preocupante y tenemos mucho trabajo por delante”, asegura.

–Es usted valiente. No llega al cargo en la mejor situación.

–Se trata de un bautismo de fuego, la verdad. La situación ya era muy complicada antes de la pandemia y ahora todo se está poniendo todo mucho más feo.

–¿Cuántas familias nuevas han tenido que solicitar la ayuda de Cáritas desde que comenzó la pandemia?

–Los datos que manejo se corresponden sólo con el año 2019 y en este periodo tenemos contabilizadas 2.175 familias que acudieron por primera vez a Cáritas. En total, a falta de actualizar esos datos, estamos ayudando a unas 16.300 personas en la región. No obstante, las cifras siguen subiendo día a día y lo empezarán a hacer a un ritmo aún más alto. Por el momento las familias están sobreviviendo gracias a los Erte y al dinero que cobran del paro, pero todos esos recursos se van a acabar y entonces será cuando lleguen los verdaderos problemas de pobreza. Hay matrimonios con hijos que se han quedado los dos en el paro y que todavía están cobrando prestaciones, pero algún día van a dejar de hacerlo. A Cáritas se llega cuando uno ya no tiene más recursos.

–¿Cuál es el perfil de ese nuevo solicitante de ayuda?

–Pues estamos viendo que principalmente tiene cara de mujer. Ocupan un lugar destacado mujeres con hijos a su cargo. Durante el confinamiento esta realidad se agravó porque muchas de ellas perdieron sus trabajos como empleadas del hogar o en la hostelería, trabajos que en muchas ocasiones se pagan en negro y que por lo tanto no dan derecho a las ayudas.

–¿El paro es peor enemigo ahora mismo que el propio coronavirus?

–No podemos obviar que lo principal es la salud de las personas y que hay gente que se está muriendo a consecuencia de una enfermedad con la que tenemos que acabar cuanto antes, pero para nosotros el desempleo es sin duda el peor enemigo. Hay que tener en cuenta que entre los sectores más afectados por todo esto están la hostelería o la atención en domicilio. Sólo hay que fijarse en todos los bares y restaurantes que se van a ver obligados a cerrar y que no van a poder contratar a camareros. Con los empleos a domicilio pasa lo mismo, las familias se han reestructurado y se las arreglan para cubrir el trabajo que antes hacía una persona asalariada.

–¿Qué le pediría a las administraciones para frenar esta sangría?

–Una de las cosas que les pediría es que se agilizase el salario mínimo vital porque hay muchísimas familias que lo necesitan para sobrevivir. Lo han prometido por activa por pasiva, pero lo cierto es que ese dinero no se está cobrando.

–¿Cuál fue la labor de Cáritas durante el confinamiento?

–Al principio éramos como pollos sin cabeza buscando la fórmula para no fallarles a las familias que nos necesitan, pero creo que dimos rápido con la fórmula y que estuvimos muy cerca de ellos durante todo el encierro. Reestructuramos todo y nos reinventamos para seguir en la atención con la misma calidad. Hicimos grupos con gente joven y con profesionales, grupos con un perfil de riesgo más bajo, y nos movíamos por toda Asturias para darles los vales con los que después compran en los supermercados. Para las familias más acostumbradas a las nuevas tecnologías también usamos las tarjetas monedero, transferencias de móvil a móvil, por aplicaciones bancarias... Hemos hecho un máster en tecnología para que las personas necesitadas no perdiesen nuestras ayudas en ningún momento.

–¿Y qué pasaría si se decreta otro confinamiento para frenar la tercera ola?

–A nosotros no nos afectaría porque ya hemos aprendido a trabajar en estas circunstancias y no nos asustan. Lo tomaríamos con mucha más tranquilidad. Si es que hasta nos formamos para atender telefónicamente a las personas mayores. Nos preocupa mucho que se contagien, pero también nos preocupa su salud emocional y sentimental. Estas personas se sentían muy solas y nosotros estuvimos con ellos en la medida de nuestras posibilidades mientras tuvieron que estar en sus casas.

–¿Piensa usted que los mayores necesitan más atención por parte de las administraciones?

–Los mayores son unos campeones y no los vas a oír quejarse nunca, lo están viviendo todo con resignación y lo están haciendo muy bien, pero aún así se les nota un halo de tristeza. Les ha cambiado la cara, por teléfono escuchas como sus voces se apagan y se van entristeciendo.

–La pandemia se está cebando en especial con las residencias de ancianos, ¿cree usted que hay que replantearse algún cambio en este tipo de servicios de atención a este tipo de personas?

–Creo que las residencias son perfectas desde el punto de vista asistencial y que la mayoría de ellas funcionan a las mil maravillas, pero aún así también pienso que falta mucho trabajo emocional.

–¿Se refiere a que falta cariño?

–No falta cariño, lo que falta es tiempo para dedicarles ese cariño

–¿Y cómo se podría solucionar eso?

–Pues una de las fórmulas creo que sería dinamizar mucho el voluntariado para acompañamiento en residencias, mezclar a los jóvenes con los mayores, que es un binomio que funciona muy bien. Cuando yo estaba en Pravia teníamos un grupo de personas jóvenes que visitaban regularmente las residencias y no veas cómo se entendían con los mayores, Da gusto ver esa relación y creo que eso se puede potenciar. El apoyo emocional es fundamental para este tipo de personas, que lo están pasando muy mal. Falta el mimo.

–¿En qué medida están ayudando las administraciones durante esta crisis global?

–Lo cierto es que se están volcando, sobre todo a nivel local y regional. Para empezar se han agilizado todos los procedimientos, algo que ojalá se consolide para siempre porque es muy importante. Servicios Sociales ha puesto toda la carne en el asador y eso se agradece.

–¿No tiene nada que pedirles?

–Yo siempre pido perras (risas), pero también entiendo que a veces no da para todo. De verdad, lo que pido es que se consolide esta forma de trabajar y esta unión que ha surgido a raíz de la pandemia. Funciona muy bien y se ha hecho un grupo muy grande para atender a todas las necesidades. Esa en realidad fue la respuesta válida. La unión hace la fuerza.

–¿Ha subido al menos el número de voluntarios para ayudar en estos momentos de crisis? ¿El coronavirus está ablandando corazones?

–A finales de 2020 teníamos 1.751 voluntarios y 88 profesionales trabajando, pero la verdad es que ahora mismo esa cifra está subiendo. Y eso que hay personas que lo han tenido que dejar porque son de riesgo. No obstante, estamos haciendo un llamamiento a la gente joven para que se animen a echar un cables porque son fundamentales. No hemos hecho casi campañas de sensibilización y la gente está mostrando igual su lado más solidario. También tenemos más de mil socios y casi dos mil donantes. Ahora mismo nos está llegando el dinero porque hay bastantes donativos.

–Para Cáritas esto no va a acabar con la vacuna, ¿no es así?

–Pues tristemente no. Lo peor está por llegar porque este virus esta haciendo mucho daño.

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