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El sustituto es la estrella

El pianista Javier Perianes, que ocupó a última hora el lugar de Lugansky en el concierto de la OSPA, encandila al público ovetense

La OSPA, durante el concierto de ayer en el Auditorio. | Irma Collín

Javier Perianes llegó, vio y venció. Sin apenas tiempo para amoldarse a la Orquesta Sinfónica del Principado (OSPA), con apenas un ensayo y un concierto de rodaje, el sustituto de emergencia de Nikolái Lugansky lideró un triunfo absoluto de la formación asturiana, en su concierto de ayer en el Auditorio, dedicado a la memoria del fallecido compositor Antón García Abril. Con Perianes al piano, la orquesta encandiló al público ovetense, entregado por completo: si en vez de celebrarse en el Auditorio el concierto se hubiera hecho en la ansiada plaza de toros, el pianista hubiera salido a hombros.

Hay que decir que la solución tenía truco, ya que Perianes no es precisamente un desconocido, y de hecho fue una grata sorpresa para el público ovetense poder reencontrarse con él de esta forma tan inesperada y repentina. Premio Nacional de Música en 2012, el pianista es un músico desenvuelto, que interpreta con gran claridad y que tiene una musicalidad innata que se dejó sentir en el concierto con su fraseo, sus planos sonoros, los movimientos y el manejo de los contrastes entre el primer y el segundo movimiento del Concierto para piano y orquesta n.º 3 en do menor, Op. 37, de Beethoven. Perianes estuvo, además, muy bien arropado por una OSPA que con Perry So a los mandos suena siempre precisa y compacta. La formación mostró complicidad con el pianista ayudándole a generar momentos de tensión, y pasando a un segundo plano cuando el piano reclamaba el protagonismo.

La ovación a Perianes fue mayúscula. El músico respondió al cariño del público ovetense con una hermosa propina: “La maja y el ruiseñor”, la popular pieza de la suite “Goyescas” de Enrique Granados.

En la segunda parte del concierto, ya sin Perianes, Perry So y la OSPA mantuvieron la excelencia en su interpretación de la Sinfonía n.º 6 “Patética” de Chaikovski. En esa parte del concierto, se demostró de manera inequívoca la complicidad de So con la orquesta asturiana, logrando transmitir el agobiante dramatismo de la obra de forma nítida.

Era tal el nivel de la orquesta que el público, enardecido, rompió a aplaudir a la orquesta y a su director al final del tercer movimiento, pese a que quedaba aún uno más por interpretar.

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