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Un campamento para los que más lo necesitan

La colonia estival para alumnos con necesidades especiales que se realiza en San Lázaro convence a las familias

Lourdes García, a la derecha, con Laura González (a la izquierda), Sandra Suárez (detrás, sentada) y tres usuarios del campamento, en el Veneranda Manzano. | Franco Torre

Lourdes García, a la derecha, con Laura González (a la izquierda), Sandra Suárez (detrás, sentada) y tres usuarios del campamento, en el Veneranda Manzano. | Franco Torre

Los niños juegan en el patio del colegio Veneranda Manzano, en San Lázaro. Sus risas, que se cuelan por las ventanas, retumban en los pasillos del centro, semivacío. No hay rastro del bullicio habitual que impera durante el curso, y los monitores que cuidan de los chavales tampoco imponen la misma disciplina. Es la típica estampa de un campamento de verano, solo que con una crucial diferencia: el del Veneranda Manzano es un campamento para niños con necesidades especiales.

Esta iniciativa pionera, impulsada por la concejalía de Educación que gestiona Lourdes García, está siendo un éxito rotundo. Lo constata la alta matriculación, con 40 niños y adolescentes inscritos, pero más aún la satisfacción y la implicación de las familias, que ven cómo se equiparan así los servicios que se ofertan para sus hijos a los que disfrutan el resto de niños.

“Este es el primer año que realizamos esta actividad y hemos encontrado una buena respuesta por parte de los padres, que lo han recibido como un gran apoyo para las circunstancias familiares y la necesidad de conciliar ahora en verano”, señala la concejala de Educación Lourdes García.

Aunque el servicio persigue cubrir las mismas necesidades y horarios que un campamento escolar convencional, el del Veneranda Manzano presenta varias singularidades, encaminadas a cubrir las necesidades de los niños. Para empezar, el arco de edades de los usuarios es más extensa de lo habitual: en el colegio de San Lázaro hay alumnos de entre 3 y 21 años. La mayor parte están escolarizados en el colegio de educación especial de Latores, el más grande de Asturias, pero también hay niños que proceden del Ángel de la Guarda, (localizado también en Latores) o que cursan estudios en centros convencionales.

Otra singularidad, crucial, es que no hay dos niños que tengan las mismas necesidades, lo que obliga a una atención expresa y personalizada, mucho más que en un campamento convencional. “Cada niño tiene una discapacidad distinta, o en distinto grado. Por ejemplo, entre los que tienen TEA (trastornos del espectro autista) no hay dos casos iguales”, señala Laura González, coordinadora del campamento durante estas primeras semanas.

Su compañera Sandra Suárez, que se encarga de la coordinación en el tramo final, abunda en esta singularidad: “Tenemos que distinguir en el grado de dependencia. Entre el 85 y el 90% de los usuarios son dependientes en mayor o menor medida. Y los más dependientes prácticamente necesitan que haya una persona con ellos en todo momento”. Esto obliga a tener un mayor número de monitores de lo habitual: la pasada semana, con 23 usuarios, había siete monitores. Pero la dotación de personal del campamento no se queda ahí, ya que también cuenta con un auxiliar de enfermería, para que pueda tratar a los niños que lo precisen o que tengan que tomar o inyectarse algún tipo de medicación.

Dos de las niñas que participan en el campamento, durante una actividad. | Franco Torre

Estas circunstancias, de hecho, también fueron tenidas en cuenta a la hora de diseñar el campamento. Y es que la Concejalía de Educación eligió precisamente el Veneranda Manzano por la ausencia de barreras arquitectónicas en el edificio, además de por su céntrica ubicación.

Todas estas particularidades son tenidas en cuenta por los monitores a la hora de preparar las actividades que propondrán a los niños. “Hacemos una programación semanal ajustada al grupo y a los usuarios que tengamos, atendiendo a sus necesidades y tratando de que sea algo accesible y divertido para ellos”, explica Laura González.

“Los chavales hacen un montón de actividades, están atendidos de manera especializada, incluso se pone a disposición atención sanitaria en el propio campus si fuese necesaria, y conviven durante quince días con otros alumnos en un entorno seguro aprendiendo y entreteniéndose”, añade Lourdes García.

Esta iniciativa pionera de campamento para niños con necesidades educativas especiales se prolongará hasta el 3 de septiembre, con una duración similar al resto de campamentos que oferta el Ayuntamiento de Oviedo. Lourdes García, señala que “este programa nace con vocación de continuidad, con las mejoras que haya que realizar en próximas ediciones y siempre dejando claro que en los demás programas de campus de verano siempre se reservan plazas para alumnos con necesidades especiales, porque también hay familias que prefieren esa opción”, concluye.

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