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Una fiesta de prao en el Truébano

“Pequeño club imposible” animó la mañana mateína con temas icónicos en una jornada que se alargó hasta la noche con el concierto de “Tigra”

El grupo “Pequeño club imposible” en su actuación, ayer, en el parque del Truébano. | Irma Collín

El grupo “Pequeño club imposible” en su actuación, ayer, en el parque del Truébano. | Irma Collín

Las fiestas de San Mateo se expanden por toda la ciudad. Las casetas no se encuentran solo en el centro de Oviedo, sino que tienen sitio también en zonas donde nunca antes se hubiera imaginado. En realidad, cualquier sitio vale para tomar un par de cañas, pero si queda cerca te resistes menos a quedarte en casa a la hora del vermú. Esto es lo que les ocurrió ayer a los vecinos del Cristo, que este año cuentan con un pequeño hueco con esencia mateína de primer nivel y no quisieron desaprovecharlo. Sol, música y cerveza: ese era el combo perfecto para quien se pase por el parque del Truébano y quiera vivir el nuevo San Mateo. “Me parece una idea fantástica que las fiestas se repartan por la ciudad y no se queden solo en las calles de siempre. Yo vengo desde el barrio de San Lázaro, quería ver lo que se cocía por aquí”, comentaba César Fernández, que disfrutaba de la compañía de su grupo de amigos mientras escuchaban el concierto.

El grupo encargado de hacer más amenas las horas antes de la comida fue “Pequeño club imposible”. El trío ovetense marcó los ritmos de la sesión durante casi dos horas en las que fueron atrayendo cada vez a más gente y el público, aunque tímido al principio, dejó embelesarse por los ritmos de canciones de los años 80 y 90.

Pablo Moro: “Parece como si hubieramos viajado al pasado y fuera una fiesta de ‘prao’”

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Desde Loquillo a Alaska, pasando por “Duncan Dhu” o “Los piratas”, el grupo de Pablo Moro, Alfredo González e Ivo Pérez hizo disfrutar a su público e incluso a los más asentados en las terrazas de la casetas, que poco a poco dejaban terminar la conversación para añadirse al coro improvisado por los espectadores.

El parque del Truébano estuvo repleto de gente durante toda la mañana: las familias eran el grupo mayoritario, pero no faltaban tampoco los grupos de amigos, las parejas y hasta personas que disfrutaban solos de la música y el buen tiempo del que se sirvió la sesión vermú.

En uno de los interludios del concierto, Pablo Moro, cantante del grupo, lanzó al público una de esas frases que hicieron cambiar el ambiente y reunir fuerzas para continuar la fiesta: “Parece como si hubieramos viajado al pasado y estuviéramos en una fiesta de ‘prao’”. Y, en realidad, así era: el parque del Truébano, con su esencia de novedad pero su tradicionalismo en formato como parte de celebración mateína, hizo resurgir los mejores recuerdos prepandémicos.

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