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Las voces emocionadas de “La bohème”

Juan Noval-Moro y Miren Urbieta-Vega, que encabezan el segundo reparto de la obra de Puccini, reivindican su belleza: “Es ‘la’ ópera”

Juan Noval-Moro y Miren Urbieta-Vega, durante el ensayo general de “La bohème”. | Luisma Murias

Juan Noval-Moro y Miren Urbieta-Vega formarán este viernes, en el teatro Campoamor (a partir de las 19.30 horas), una de las parejas más míticas de la lírica mundial: serán Rodolfo y Mimí, los protagonistas de “La bohème”. El tenor sierense y la soprano donostiarra encabezan el segundo reparto de esta producción, tercer título de la temporada de Ópera de Oviedo, y reconocen estar emocionados ante la posibilidad de interpretar la que Urbieta-Vega define como “la” ópera, y más aún al tratarse del emblemático montaje de Emilio Sagi.

“Yo siempre digo que ‘La bohème’ es tan guapa que es imposible afearla. Es tan guapa, tan cerrada, está tan bien escrita y es, en suma, tan perfecta, que por lo general casa mal con las descontextualizaciones. A otras óperas puedes hacerles cosas raras, pero a ‘La bohème’ no, a esta ópera no le puedes buscar tres pies. Y Sagi, que rezuma amor por el género en todas sus producciones, lo entiende muy bien y, aunque cambia el contexto histórico y sitúa la obra en el París de los años sesenta, mantiene todos los escenarios: la buhardilla, el barrio latino, el café... todo está ahí”, reflexiona Noval-Moro.

“Este montaje lleva años circulando, y si se sigue haciendo es porque realmente funciona. Tiene una belleza y una naturalidad inmensas, y retrata de manera muy fehaciente lo que Puccini quería transmitir con esta ópera. Yo creo que funciona en todos los sentidos”, añade Miren Urbieta-Vega.

Los dos intérpretes ya han completado el ensayo general del segundo reparto, que se desarrolló en la tarde del lunes ante un auditorio formado por más de 300 escolares de primaria y secundaria, y ahora están ejerciendo de respaldo al reparto principal, en espera de volver de nuevo a las tablas para la función del “Viernes de la Ópera”. “Hablamos de una obra difícil y exigente, tanto para la soprano como para el tenor , pero es ‘la’ ópera. Una de las más conocidas, si no la que más, y también de las más programadas. Tiene una música y un encanto a nivel argumental que te enganchan. Esta historia amorosa, el drama, la muerte... son temas complicados de tratar pero que se reflejan de forma muy realista, con personajes que son fácilmente identificables”, sostiene Miren Urbieta-Vega.

Noval-Moro, con Robert Mellon, David Menéndez y Manuel Fuentes, en el primer acto de “La bohème”.

“Haciendo esta ópera disfrutas como un enano, pero acabas hecho polvo”, añade Noval-Moro. “Sales a saludar y estás todavía tocado”, continúa, “por la intensidad emocional de la obra. Cuesta mucho mantener el tipo en esta ópera, que tiene además una música de tanta belleza que cuesta no emocionarse. Hay que tener mucho temple, para los intérpretes es un ‘tour de force’ del copón. Pero también es lo más guapo que hay”.

En cuanto a sus roles, los dos intérpretes destacan la dificultad que encierran, tanto por su exposición sobre el escenario como por la diversidad de emociones y estados de ánimo que tienen que representar a lo largo de los cuatro actos de la obra. “La representación de ‘La bohème’ se prolonga, más o menos, hora y tres cuartos. Y Rodolfo está todo el tiempo sobre el escenario salvo diez minutos al principio del tercer acto, en los que Mimí lo está buscando y no lo encuentra”, explica Noval-Moro. “Pero lo más complicado no es eso”, continúa, “sino la diversidad de situaciones dramáticas que tienes que afrontar durante la representación: hay momentos de expresividad cómica con los compañeros, luego llega la chica, estás con ella, enamorado, sales a juntarte con los amigos, llega el drama... son muchos cambios de humor, tienes que estar constantemente cambiando de registro, y desde el punto de vista vocal, es una partitura muy muy exigente”.

En el caso de Mimí, la exigencia no es menor, como señala Miren Urbieta-Vega: “Todos los actos son muy distintos a nivel psicológico del personaje. Tienes a una chica sencilla, que afronta toda esta diversión del barrio Latino, que se enamora, enferma, descubre por Rodolfo que va a morir, porque creo que ella no es consciente hasta ese momento que él se lo dice... es muy intenso y muy exigente, pero también es muy bonito. Y por todo eso, para una soprano, Mimí es un paso trascendente en su carrera”, sentencia.

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