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Historias más allá de un cromosoma

Jóvenes con síndrome de Down participan en cursos de formación: “Antes necesitaban ser cuidados; ahora asumen el rol de cuidador”

Laura Campo, Tania Alonso y Adrián Vega haciendo decorado navideño. | Cristina Velasco

Padecen Síndrome de Down, pero son Laura, Adrián, Cristian, Tania, Victoria y Aleida, con motivaciones e historias de superación que les hacen únicos. Y así es como quieren presentarse. Participan en el curso de formación y orientación prelaboral que se imparte en la Asociación Down Asturias de Oviedo para ayudarles a sortear la brecha que encuentran al terminar la educación obligatoria. Hoy toca hacer adornos navideños para vender en la cooperativa. “Empezamos con este proyecto hace seis años porque no tenían oferta formativa al salir de instituto”, explica Ana Luque, gerente de la organización.

Aleida Llano

Tania Alonso, de Cangas de Nacea, y Cristian Rodríguez, de Pola de Siero, llegaron a Oviedo con la intención de seguir formándose, y lo han conseguido con éxito. La primera sacó plaza en las oposiciones al SESPA (Servicio de Salud del Principado de Asturias) para personas con discapacidad; el segundo ha realizado prácticas en Ikea. “Ahora me gustaría trabajar como cartero”, cuenta Rodríguez.

Laura Campo

La finalidad es integrarles en el mercado de trabajo de manera progresiva, siempre con la mirada puesta en la madurez y la responsabilidad. Según afirma la gerente, existe una amplia tendencia a la infantilización de las personas Down: “Son adultos, como cualquier de nosotros y creo que es una muestra de respeto tratarles como tal”. La clave reside en la normalidad, ya que no se encuentran afectados por ninguna enfermedad. “Ni tiene cura ni se necesita”, añade Luque.

Cristian Rodríguez

Otro problema, que de nuevo gira en torno al desconocimiento y la desinformación, son los clichés que sitúan a todas las personas con discapacidad –no discapacitadas, porque eso es adjetivarlas y poner el foco en lo negativo, explican en la asociación– en un mismo cajón. Existe mucha leyenda urbana sobre su carácter (a veces son descritos como cariñosos, otras como huraños) y la protección que requieren. “Antes se creía que necesitaban ser cuidados, ahora asumen el rol de cuidador”, responde Luque ante la cuestión acerca de la evolución de la imagen social que ha experimentado la asociación a lo largo del tiempo.

Victoria Tascón

Desde los comienzos, en 1985, hasta hoy, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, cada vez son más los miembros que se dedican a centrar su atención en los demás: cuidan de sus familiares mayores, realizan voluntariado en hospitales, trabajan en residencias de tercera edad... “Yo ayudo a mi tío con la obra de su nueva casa”, cuenta Cristian Rodríguez.

Por eso, animan a conocer primero a cada individuo, en lugar de asumir su predisposición a ciertas actitudes en base a un cromosoma, situación que las personas con diversidad funcional sufren desde la cuna. “Muchas veces en los colegios catalogan a los estudiantes como alumnos o personas con necesidades educativas especiales”, señala Luque. Algo que considera injusto porque supone una etiqueta discriminatoria: “Cada uno tiene sus peculiaridades”.

Dentro de está naturalidad se encuentra la normalización de la situación. La asociación imparte charlas para que sus miembros conozcan en qué consiste el Síndrome de Down y cómo todo el mundo tiene virtudes que aportar a la sociedad. “No hay nada que esconder”, defienden, porque solo se oculta aquello que resulta adverso. Y así, entre bolas, estrellas y árboles de Navidad se mezclan tanto vidas como trayectorias que van más allá del nombre que un médico británico le puso en 1866 a un trastorno genético.

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